Por: Pedro Viveros

Con el tono del presidente y Egan Bernal arranca el tricentenario

El siete de agosto hubo dos eventos coincidentes. Uno, la celebración institucional del bicentenario de la real independencia de España. El otro, la masiva convocatoria de colombianos para honrar la gesta deportiva más importante del país en su historia: Egan Bernal y su camiseta amarilla de campeón del Tour de Francia 2019. Ambos actos revisten una importancia que nos identifica como nación. Por un lado, el mensaje de unidad del discurso del presidente Iván Duque quien se esforzó por ennoblecer el futuro y evitar a toda costa continuar con la fractura antigua y reciente del país. Egan, por su parte, terminó por agradecer a los zipaquireños y a Colombia entera por su respaldo y confianza. Los valores de dos líderes de una nación que se debate entre lo nova et vetera.

En su reciente versión, la Encuesta Mundial de Valores (World Values Survey), en el capítulo referido a Colombia, nos deja varias señales que podrían servir para entender las razones de por qué dos líderes colombianos jóvenes y sorpresivos en sus triunfos ven al país bajo la óptica de unidad y confianza. Según el estudio, a medida que los ciudadanos se sienten realizados en su autonomía o desarrollo como humanos, valoran más la democracia y exigen más resultados de sus instituciones. La esencia de esta dinámica radica en el fortalecimiento de la clase media colombiana. Una pista de este trabajo puede ser la percepción que tenemos sobre poder reconciliarnos, siempre y cuando “el otro” se reconcilie primero. ¡Gran avance, sin duda! Es decir: doy el paso si mi vecino lo hace. Por eso el llamado de Duque y Bernal, cada uno en su ámbito, puede ser positivo. En otras épocas primaba un carro de bomberos donde los colombianos nos postrábamos a los pies del atleta victorioso o nos sentábamos a oír un discurso presidencial conmemorativo repleto de insultos.

Dice Andrés Casas Casas, académico de la Universidad de Pensilvania, sobre el perfil de lo que somos en la actualidad en materia de virtudes: “Es (el colombiano) optimista ante el futuro, es cosmopolita y cada vez más tolerante con la diferencia (…) Lo definiría como una tensión entre tradición y posmodernismo”. Es aquí donde radica la búsqueda permanente de referentes externos para poder conciliar lo ancestral con la novedad. Este sentimiento de permanente “ensayo y error” por ratificar nuestro acto de fe cotidiano por ser colombianos es lo que hace novedoso encontrar dos mensajes positivos entre tanto mar de broncas y odios diarios. Fue tal el ánimo de estos nuevos paradigmas que el hecho de llevar a cabo los actos el mismo día no fue obstáculo ni motivo de maledicencia de ocasión. Los dos, con su talante y juventud, fueron capaces de compartir el día de celebración de los 200 años de independencia nacional.

La divulgación del trabajo y el diario vivir de los que habitamos Colombia corrobora nuestra contradicción y la enfoca en la falta de confianza con el entorno distinto al familiar. No hemos podido “romper los espejos” y mirar más allá de nuestra propia estirpe. Debe ser por eso que desconfiamos de nuestras instituciones, pero no queremos que se acabe la democracia.  ¿Será por eso que criticamos la política, pero no tenemos una participación mayor a 53 % en cada convocatoria electoral? ¿Debe ser por eso que para asistir a la asamblea anual del conjunto o edificio donde cohabitamos, solo nos motiva la sanción económica por inasistencia?

No reconocemos a los “otros”, pero exigimos tener el mejor presidente del planeta. ¿Será qué los “otros” no son colombianos? ¿Si Egan no gana el próximo tour lo van a tener que llevar a Zipaquirá en carro blindado y de policía? Al menos estos dos guías no comenzaron el tercer centenario con tono pesimista, como en los actos de los primeros 100 años cuando habíamos perdido a Panamá y nos levantábamos de los escombros de la guerra de los 1.000 días.   

@pedroviverost

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2019-08-12T00:00:26-05:00

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2019-08-12T00:15:01-05:00

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