Por: Cecilia Orozco Tascón

“Con el visto bueno del Gobierno Nacional”

“El presidente lo autorizó a establecer ese contacto (con el Eln) y mantener relación, y que las respuestas se den directamente con el presidente”. La frase, que tiene la mayor importancia política para el país en el contexto de la preguerra interna que vivimos, hoy, fue consignada por el “gestor de paz” del Eln, Juan Carlos Cuéllar, en una carta a dos personajes, seguramente en su calidad de testigos del hecho. Cuando Cuéllar escribió “presidente”, se refería a Iván Duque; cuando aludió a la persona que este “autorizó a establecer contacto con el Eln”, hablaba de Angelino Garzón, el omnipresente político, único en esa especie, que puede exhibir en su hoja de vida la pertenencia a cinco partidos políticos (desde la Unión Patriótica hasta el uribismo), y cargos públicos con cuatro mandatarios enemigos entre sí (Pastrana, Uribe, Santos y Duque); y todo eso, después de haber ejercido como líder de la central de sindicatos CUT ¡Coherencia de periplo!

La carta es del 31 de julio del año pasado, es decir, cuando Santos aún no había concluido su mandato, pero Duque había sido elegido como su sucesor, en buena parte gracias a la bélica bandera de oposición, de su colectividad, al Acuerdo de Paz con las Farc y a sus diálogos con el Eln. En la misiva, una especie de acta revelada por Noticias Caracol el lunes pasado, Cuéllar enunciaba las condiciones que el nuevo mandatario le imponía a esa guerrilla para continuar con el diálogo y que Garzón resumió, según el gestor del Eln, en los siguientes términos: “que espera que no se den acuerdos con Santos que luego no se pueden cumplirQue Duque ve más positivo si el Eln no llega con hechos cumplidos, eso no quiere decir que no se avance sobre lo construido”. Cuando Caracol Televisión le preguntó al actual embajador en Costa Rica su opinión sobre la carta, Garzón contestó afirmando sin afirmar, muy al estilo gubernamental: “desde la campaña yo le manifesté al señor presidente Duque toda mi disponibilidad de colaborarle en los temas referentes al diálogo social y la reconciliación de Colombia... y Juan Carlos Cuéllar ha venido cumpliendo una positiva labor en favor de la paz de manera legal y abierta con el visto bueno del Gobierno Nacional”. La noticia se supo solo horas después de que la Casa de Nariño, mediante su nervioso comisionado Ceballos, hubiera intentado desmentir, o, al menos, minimizar la validez periodística de la información de Noticias Uno, del pasado fin de semana, sobre dos viajes que el exsenador Everth Bustamante hizo a Cuba, entre noviembre y diciembre, para dialogar con la cúpula del Eln a nombre del jefe de Estado en funciones, Iván Duque.

Bustamante, quien no respondió a llamadas del noticiero el domingo en la noche, publicó un rebuscado comunicado en que, extrañamente, recordaba su apoyo electoral a Duque y su respaldo a la forma como este conduce el país; declaraba que no era funcionario público (¿?) y terminaba negando sin negar, muy al estilo gubernamental, sus encuentros con el Eln: “tengo profundo respeto por la dignidad presidencial sin que el señor presidente, en algún momento, me haya solicitado realizar actividad alguna en nombre de su gobierno y mucho menos en relación con los asuntos de paz y particularmente con el Eln". La actividad palaciega continuó con una precipitada convocatoria a rueda de prensa, del comisionado Ceballos, para leer otra rareza de comunicado en que nos notificaba a los ciudadanos que podemos viajar a Cuba libremente; reclamaba para sí la exclusividad del diálogo con el Eln y caía en una contradicción con Bustamante: “Conocida por el Gobierno Nacional la intención del señor Everth Bustamente García de viajar a la isla de Cuba por decisión, cuenta y riesgo propios, el alto comisionado para la Paz se permite certificar que no (le) concedió ninguna autorización…, para actuar ni interlocutar con el Eln en nombre del Gobierno Nacional". Muy al estilo gubernamental, Ceballos no explicó cómo la Casa de Nariño “conoció la intención” de Bustamante, pero no se enteró si viajó, ni con quién se encontró, ni mucho menos cuáles gestiones adelantó en la isla. Muy al estilo gubernamental, Ceballos usó una afirmación equívoca cuando expresó que “el alto comisionado para la Paz… no (le) concedió ninguna autorización” al exsenador uribista, lo cual, en sentido estricto, significa que él, Ceballos, no le dio permiso a Bustamante. De ninguna manera puede entenderse que lo dicho por Ceballos se extiende a las decisiones oficiales o extraoficiales del presidente de la República que puede reservarse - ni más faltaba - su fuero para asuntos de Estado que él considere de extrema reserva. Pero saltó la liebre en Cali con el documento del gestor del Eln Cuéllar, que el embajador de Duque en Costa Rica, no su comisionado de Paz, avaló y sobre quien certificó que todavía cumple una positiva labor en favor de la paz de manera legal y abierta con el visto bueno del gobierno nacional. Lo malo de la administración Duque no es su voluntad de adelantar otro proceso de paz, hoy frustrado por la infinita falta de civilización del Eln, sino su reiterado estilo de decir públicamente una cosa y de hacer lo contrario, en secreto. O sea, su intención de engañar a los ciudadanos con medias mentiras envueltas en medias verdades. En la Colombia del 2019, no todos tragamos entero.

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2019-01-30T00:00:56-05:00

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2019-01-30T16:02:19-05:00

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