Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Con esos amigos…

Desde hace mucho un importante sector de políticos y formadores de opinión ha planteado la siguiente tesis: limitar los fueros del Ejército o la Policía, criticar sus procederes, o pedir que se procesen judicialmente a los miembros de ellas que cometan desafueros las desmoraliza y las destruye. Para poner sólo un ejemplo entre muchos posibles, en la década de los 80 se condenó virulentamente el llamado “síndrome de la procuraduría”, con el argumento de que el control institucional le infringía un daño irreparable a la fuerza pública y a la lucha contra la subversión. Los políticos que impulsaron estas ideas invariablemente se autocalificaron como “amigos del Ejército”.

Esa clase de “amistad” se ha convertido en los últimos lustros en una suerte de cuasimonopolio del Centro Democrático (CD). Aunque en ningún país ni a prácticamente ningún político electoral —de derecha, centro o izquierda— le hace gracia alguna echarse encima a los cuerpos de seguridad del Estado, es el CD quien ha recibido la tajada del león de la herencia de los vociferantes críticos del “síndrome de la procuraduría”. Sus “teóricos” en “seguridad” concluyeron también que la fuerza tenía que estar a cubierto de la justicia civil pues de lo contrario se “desmoralizaría”. Y una parte importante de la agenda legislativa del CD se ha concentrado en proteger a los uniformados de la JEP. Este es sólo uno de los tantos regalos que ofrecen, como vendedores de feria, a la fuerza pública.

Pero son regalos envenenados, generalmente diseñados por esos políticos para su propio provecho. La evidencia —bastante contundente— de que esto es así proviene de los propios presuntamente obsequiados, aunque desde dos orillas completamente diferentes. Por una parte, uniformados involucrados en serias violaciones de derechos humanos han manifestado su decepción al encontrarse en la fría soledad después de que los incitaran a cometer toda clase de barbaridades. “Hágale y después vemos”. Muchas de esas personas están pidiendo pista en la JEP (lo que en parte explica el temor cerval que genera esa institución). Pero, por otra parte, ocho altos oficiales enviaron a la cúpula militar una carta que El Tiempo califica apropiadamente de “dura”, en la que piden recuperar el “honor militar” y la “disciplina”.

Este llamado, de hecho, casa con la doctrina militar más ortodoxa. Ningún ejército se desmoraliza con un control institucional, con tal de que las reglas de juego estén claras. La fuente más importante de desmoralización, la que todos los grandes generales y pensadores de asuntos militares han estigmatizado con fuego, es la descomposición de la cadena de mando, la inmoralidad y la indisciplina. Esas características proliferan precisamente si los controles institucionales y el respeto a la ley desaparecen y se truecan por incentivos que promueven la ferocidad, la compinchería y el crimen. Piense el lector en ejemplos sencillos, en cosas que hemos estado discutiendo desde hace más de una década y que desde entonces nunca han dejado de estar sobre el tapete. El coronel de la Policía Ómar Rojas explicó, con su coautor Fabián Benavides, cómo producir un “falso positivo” tenía que involucrar a decenas de personas de todos los rangos. Pero una vez cometidos esos crímenes, las relaciones jerárquicas se convierten en un vínculo cómplice y la disciplina, en un mascarón de proa para la impunidad. Algo análogo puede decirse de los actos de corrupción. Poner a la fuerza pública por encima de la ley es socavarla irreparablemente, y de paso una incitación a la destrucción de vidas e instituciones.

Es fácil entender las enormes implicaciones negativas de esto. Humanitarias, las que el lector quiera imaginarse. De descomposición institucional y pérdida de capacidad, igual. También mella sistemáticamente la imagen de la fuerza pública, como lo sugieren muchas encuestas recientes. ¿No será hora de recoger el valeroso llamado de la susodicha carta a “reconocer los errores y manifestar la inquebrantable voluntad de enmendarlos, sin justificaciones y sin excusas”?

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2019-08-22T15:02:39-05:00

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2019-08-23T11:59:08-05:00

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