Con esos amigos…

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Desde hace mucho un importante sector de políticos y formadores de opinión ha planteado la siguiente tesis: limitar los fueros del Ejército o la Policía, criticar sus procederes, o pedir que se procesen judicialmente a los miembros de ellas que cometan desafueros las desmoraliza y las destruye. Para poner sólo un ejemplo entre muchos posibles, en la década de los 80 se condenó virulentamente el llamado “síndrome de la procuraduría”, con el argumento de que el control institucional le infringía un daño irreparable a la fuerza pública y a la lucha contra la subversión. Los políticos que impulsaron estas ideas invariablemente se autocalificaron como “amigos del Ejército”.

Esa clase de “amistad” se ha convertido en los últimos lustros en una suerte de cuasimonopolio del Centro Democrático (CD). Aunque en ningún país ni a prácticamente ningún político electoral —de derecha, centro o izquierda— le hace gracia alguna echarse encima a los cuerpos de seguridad del Estado, es el CD quien ha recibido la tajada del león de la herencia de los vociferantes críticos del “síndrome de la procuraduría”. Sus “teóricos” en “seguridad” concluyeron también que la fuerza tenía que estar a cubierto de la justicia civil pues de lo contrario se “desmoralizaría”. Y una parte importante de la agenda legislativa del CD se ha concentrado en proteger a los uniformados de la JEP. Este es sólo uno de los tantos regalos que ofrecen, como vendedores de feria, a la fuerza pública.

 

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