Por: Juan Gabriel Vásquez

Con estos amigos

Colombia es hoy un triste país donde los valores de la izquierda se ven obligados a defenderse de la izquierda misma.

La entrevista que Jorge Enrique Robledo dio en El Espectador es apenas un ejemplo reciente, pero no el peor ni el más lamentable. Ustedes conocen la idea central de la entrevista: como Uribe y Santos son lo mismo, da igual quién gane, y lo moralmente puro es el voto en blanco o la abstención. Yo hubiera pensado que un poco de sentido común —o una brújula moral más afinada— bastaría para comprobar que Uribe es el más radical enemigo de los valores que la izquierda llama suyos. Comencemos por el liberalismo filosófico que estuvo en la base de la izquierda en algún momento de la historia. Ya saben ustedes: había una vez una izquierda que defendía el Estado laico, los derechos civiles, las libertades individuales y la igualdad de los sexos. ¿De quién los defendía? De sus enemigos. ¿Adónde se ha ido esa izquierda?

El gobierno que llegaría al poder con Zuluaga es, para empezar, el de la intolerancia religiosa: el del procurador lefebvrista Ordóñez, el del fanático José Darío Salazar, el de las representantes que odian a los ateos, el que celebró los resultados de las elecciones pasadas en la Misión Carismática. Este posible gobierno es también el que no cree y nunca ha creído que espiar a los ciudadanos, por no hablar de los poderes del Estado, sea un delito. Este posible gobierno es amigo de la calumnia como estrategia: las acusaciones sin pruebas de Uribe contra Santos confirmaron del todo su reputación de inescrupuloso, tramposo y marrullero, y son muy inocentes los opositores que creen que no les pasará lo mismo. Este posible gobierno les declararía la guerra inmediatamente al derecho de las mujeres a abortar en ciertos casos, al matrimonio igualitario y a los proyectos de legalización de la droga. Las primeras dos políticas tienen que ver con los derechos civiles de una sociedad que quiere ser abierta o no generar más sufrimiento del necesario; la tercera política tiene que ver con la evidencia, cada día más notoria, de que la guerra contra las drogas es un fracaso monumental, y los dinerales inverosímiles que se gastan en ella estarían mejor gastados en prevención, educación y tratamiento. Nada de esto les importa a Robledo y a los suyos.

La derecha que hoy representan Uribe y Zuluaga es la del autoritarismo, el desprecio de la Constitución y de la ley, el caudillismo y la cultura del miedo, por no hablar de la corrupción probada y del apoyo del fascismo colombiano. Pero a Robledo no le parece que debamos, los que queremos una sociedad más abierta y tolerante, oponernos a ellos: porque Uribe y Santos son lo mismo. Le preguntan a Robledo por el proceso de paz, y su respuesta es: “Incluso ganando Santos, ¿quién nos garantiza que será exitoso?”. No recuerdo tanto sectarismo y tanta miopía en ninguna izquierda democrática que haya conocido: a Robledo le parecen iguales un presidente que le ha dedicado tres años al proceso de paz y un candidato que ha prometido pararlo (o intentado sabotearlo). “¿Usted cree que el país irá en la misma dirección con el uno o con el otro?”, le preguntan. Y contesta: “En los términos fundamentales estoy absolutamente seguro”.

Debe ser que no tenemos la misma idea de lo que es fundamental.

 

 

 

 

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