Por: Piedad Bonnett

Con otros ojos

Desde que Daguerr divulgó las imágenes que imprimía en sus placas de plata, yodadas y expuestas a la luz en cámara oscura, mucha gente se apasionó por la fotografía.

En aquellos tiempos esas piezas resultaban tan fascinantes y valiosas, que eran guardadas como tesoros en cajas de plata. Hoy en día casi cualquiera tiene una cámara fotográfica, éstas caben en un bolsillo, y millones de seres en el planeta captan a todas horas con su lente todo aquello que les resulta entrañable, maravilloso o simplemente digno de ser recordado. “Le tomo fotografías a lo que no puedo poseer”, dijo el fotógrafo James Clifford. Y es que una foto puede ser muchas cosas: memoria, documento, testimonio, revelación, pura poesía.

Hace ya mucho que no se discute si la fotografía es arte, pero no cesa el estudio y la reflexión sobre lo que ella entraña. ¿En qué consiste el talento de un buen fotógrafo? ¿Qué tanto le debe la fotografía a la presencia del azar, a la destreza técnica, al poder de la intuición, a la sensibilidad, a la rapidez de la mente? “Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje”, dijo Cartier Bresson, uno de los mejores fotógrafos del siglo XX. Lo cierto es que, si bien una fotografía de aficionado, humilde y sin pretensiones, puede lograr en ocasiones una gran potencia expresiva, hay unos cuantos fotógrafos cuyo talento sobresale de tal manera que se consagran como maestros.

A detectar esos maestros contemporáneos para mostrar su obra en Bogotá se dedica Gilma Suárez, una mujer persistente que animada por el sueño de llevar la fotografía a la calle se ingenió Fotomuseo, un evento urbano que completa ya 13 años. Gilma cuenta que en el acto inaugural, en el año 2000, un mendigo quiso ver una fotografía, pero al captar que alrededor de ella estaban algunas personas, se inhibió y les preguntó a los organizadores si él también podía acercarse a mirar. Aquella triste pregunta le hizo comprender a Gilma qué tan excluyente es esta sociedad y le dio fuerza para luchar por consolidar lo empezado. En sus inicios Martha Senn, Gloria Valencia, Carlos Duque y Gustavo Zalamea la ayudaron a emprender su proyecto, y ya después ella voló sola, con un pequeñísimo equipo técnico.

Fotomuseo es itinerante y realiza hasta cinco exposiciones al año. Puede estar una temporada en la zona T y otra en la plaza de Bolívar, y otra en la avenida Jiménez. Y cada dos años organiza la Bienal Internacional Fotográfica Bogotá. Esta vez vendrán 43 artistas y conferencistas, y la fotografía no sólo se tomará la calle, sino las galerías y los museos. Y como el propósito es también didáctico, habrá talleres, un ciclo teórico y otro de cine, una convocatoria nacional llamada Paisajes internos y un capítulo que se llama Mirada a la fotografía joven. Los invitados de honor son los Países Nórdicos, cuyo arte contemporáneo conocemos poco. Y el gran tema es el paisaje, esa gran obsesión de la fotografía, que en este caso nos mostrará un mundo muy distinto al nuestro, brumoso y helado, que nos hará recordar los versos de Eugenio Montejo: “Es este sol de mi país/ que tanto quema/ el que me hace soñar con sus inviernos”.

 

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