Por: Enrique Aparicio

¿Con quién se acostó esta semana?

Si durante toda la semana se durmió con Pretelt, con las FARC o con la corrupción, es bueno levantarse el domingo con Matisse. Atrévase. Cambie. Descanse un poco.

Como me fastidia hablar en términos complicados, con frases demasiadas complejas que si las releo ni yo mismo las entiendo, voy a hablarles de este enorme pintor en su estatura imaginativa como a mí se me dé la gana.

Pero antes: los gobiernos en buena parte son responsables de proveer al ciudadano doliente no sólo una educación completa sino también darle acceso al arte como parte de su formación, de su cultura. El gobierno holandés definitivamente no ahorra cuando se trata de poner al alcance de la mano exhibiciones que, con un poco de interés por parte del de a pie, enriquecen su vida y amplían su mundo sin tener que entrar en grandes y aburridas divagaciones intelectuales, con frases grandilocuentes, ni gastar un montón de dinero. Ahora se apunta un nuevo triunfo en el arte, al organizar en el museo Stedelijk una muestra de Henri Matisse que quizás no se volverá a ver.

El pintor de las tijeras y papelitos – mi forma de definirlo - nació en 1869 y murió en 1954. Henri Matisse llegó a este mundo en un sitio algo así como Tabio, Cundinamarca, llamado Le Cateau-Cambresis, en el norte de Francia.

Por algunas entrevistas lo percibo como un buenazo. Vaya uno a saber, pero él mismo se definía como un hombre tranquilo, buen padre de familia y trabajador. Lo que sí es cierto es que su energía influyó a los artistas del momento. Amable, poco dado a las expresiones egolátricas de Picasso, quien manejaba la prensa con un dedo y vendía imagen sin pestañear. Matisse era más bien en plan de abuelo, al menos en su manejo corporal, pues con los recortes de sus papelitos que pegaba en los cuadros con alfileres, este artista tenía la agresividad del que sabe cambiar, de quien inventa. Su poder fue: atreverse. Algo que todos tenemos como reto y pocos son quienes logran aceptarlo. Cambiar nuestra manera de pensar. Evolucionar. Re inventarse, son palabras que en Occidente se digieren muy difícil. Gusta la seguridad, el techo propio y el resto del andamiaje para caminar no en la cuerda floja sino en la segura, en la fija. Somos sedentarios mentales, la inteligencia nómada no es nuestro fuerte.

Los museos importantes del mundo tienen el poder de negociar con otros el intercambio de obras de arte, de ahí que en muchos casos resultan exposiciones temporales; es decir, la reunión de obras de un artista en un sólo lugar, provenientes de muchos museos del mundo, para explicar en forma clara la evolución de su arte. Quizás son una oportunidad única. En el caso de Matisse, el museo holandés logró traer una serie de trabajos de un valor incalculable de museos que tenían cuadros suyos y ponerlas junto a otras obras del mismo valor para hacer una comparación de la influencia que recibió el artista y quienes aplicaron sus técnicas.

Parte de su trabajo emblemático es una silueta en azul que atrae a la fecha mucha gente, con o sin intereses intelectuales. Durante una época, su obra artística fue recortar papel y pegarlo, algo que parece infantil, pero los grandes de la época entendieron el mensaje de sencillez y creatividad.

Le cayó la roya en 1941. Su matrimonio de 41 años se acabó y le apareció un cáncer en el estómago, que después de operaciones complicadas lo dejó en una silla de ruedas y de ahí optó por manejar un nuevo estilo: Recortes y tijera. Artista irremediable, sobre todo lleno de imaginación, siguió trabajando hasta su muerte.

Pero demos un paso atrás, como lo mencioné en alguna nota anterior, este país – Holanda- ofrece la oportunidad a sus ciudadanos para educarse mejore. Usted no necesita ser rico o tener palancas para acercarse a las obras que con un poquito de sensibilidad puede descubrir, sin malabares intelectuales ni lenguaje raro, lo que un pintor de la altura de Matisse dejó a este mundo. Fue un artista alegre, nada de sangre o distorsiones agresivas.

Como mucho pintor, ese deseo enorme del artista de desbaratar la intimidad de la mujer, de mirar por el ojo de la cerradura, se refleja en la fuerza en sus odaliscas, una forma elegante de decir prostitutas pues en la raíz sugiere concubinas o pertenecientes a un harem. Pero cuidado con decirle a la novia o señora “estás vestida como una odalisca” a no ser que quiera buscar bronca.

Lo que más admiro de Matisse fue su sensibilidad al cambio de los tiempos, de las modas. En lenguaje simple, mientras otros pintores entraron en expresiones donde una pintura muestra una figura con el ojo en los pies y las nalgas en la cabeza por decir algo, Henri Matisse procedió a darle a su trabajo expresiones llenas de simpleza. Aquí no se abre la discusión de si las pinturas modernas se suponen que simplifican lo que se quiere decir a través de una serie de figuras, triángulos o cuadritos, el pintor escogió como dije antes, la utilización de tijeras y cortar papel.

Al que le interese ampliar sobre este gran pintor puede ver más información sobre esta exhibición, www.stedelijk.nl/en/exhibitions/the-oasis-of-matisseEl youtube que hice https://youtu.be/Kn6zs_TzUZo es una ayuda para quien de verdad tiene ganas de vivir en un domingo en paz.

Enrique Aparicio Smith – Holanda, abril 2015

 

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