Por: Aura Lucía Mera

Con sabor a sal

SIEMPRE SE ME ACELERA EL CORAzón cuando el avión se acerca al cerro de la Popa, lo sobrevuela y prácticamente se tira en picada (controlada afortunadamente) sobre el mar para aterrizar en la pista del Rafael Núñez, como un gigantesco pelícano que alza sus alas para posarse con suavidad en el mar.

Una vez en tierra la ambivalencia, ya visible desde el avión, se agudiza. Caños malolientes atestados de basuras, plásticos, botellas y desperdicios. Torres erguidas desafiando al sol. Claustros recoletos en los que el tiempo se detuvo. Callejuelas peatonales. Trochas enfangadas. Cartagena. Varias ciudades en una. La colonial. La  turística, la residencial que le da la espalda al turismo.

La que se expande en medio de la pobreza y el mugre. Todas bañadas por el mismo mar. Todas con sabor a sal. La de los cachacos. La de los festivales de libros y de música. La de los reinados de belleza, la de las fiestas de la Candelaria con sus cabalgatas. La de los palenqueros y la tradicional, excluyente y cerrada, que se siente invadida de turistas, de ruido, de bares y de licor, como si le hubieran violado su intimidad de tardes tranquilas al ritmo de las mecedoras, arrulladas por los abanicos y bañada por lunas de plata.

Siento el malestar general por la supuesta “inhabilidad” en la elección de la María Mulata, mujer joven y con ganas de cambiar la aguja de la corrupción política, asentada por tantos años en la ciudad. Taxistas, vendedores ambulantes, meseros, residentes honestos y apolíticos ven detrás de esto una maturranga agresiva, una complot de ciertos gamonales para no quedarse, por lo menos en este cuatrienio fuera del pastel.

Me cuentan que se respiraban “otros aires”, que estaban floreciendo nuevamente ilusiones y esperanzas. Que pelearán por su permanencia como alcaldesa elegida por el voto democrático que le dio contundente victoria. Que así como mandaron al “carajo” a los conquistadores, esta vez mandarán al mismo lugar a los corruptos insaciables que no quieren perder sus cuotas de poder.

Ignoro si Judith Pinedo pueda llenar todas las expectativas que tiene el pueblo cartagenero puestas en ella. Es difícil darle la vuelta a una tortilla achicharrada por tanto tiempo en cuatro años. Los problemas de la ciudad crecen como el pez que se infla y saca las púas. Bandas juveniles aterrorizan las invasiones y barrios marginales cercanos a La Popa. Atracos. Retrasos en la infraestructura vial. Manglares invadidos.

Escándalos destapados a olla de presión de la administración anterior (canje de un prestigioso club social para saldar una deuda “en consumo” para funcionarios, prostitución infantil. Calles residenciales que se convierten en lagunas cada vez que llueve. Tráfico caótico. Vías insuficientes. La María Mulata, si la dejan quedarse, respetando el clamor de los votantes, tiene que ponerse las pilas, amarrarse el cinturón y afilar las espuelas. Le toca un caballo de mar encabritado, a punto de estallar. Cartagena, la real, no la de las cópulas iluminadas al atardecer ni la de los hoteles boutique, no da espera.

Cartagena respalda a su María Mulata. Cartagena tiene el derecho a soñar. Cartagena tiene derecho a buscar oxígeno limpio. A romper definitivamente con un pasado corrupto y vergonzoso, que ya no se pude maquillar más. Que Dios reparta suerte, justicia y paz .

P.D. Felicitaciones a Claudia Fadul, responsable de la conservación de los monumentos históricos de Cartagena. El Fuerte de San Felipe y todo lo que tiene a su cargo son un ejemplo de limpieza, atención y conservación. ¿Será que también está en el ojo perverso del huracán?

Buscar columnista

Últimas Columnas de Aura Lucía Mera

¿La verdad asusta?

Curiosidades y sorpresas

Cuando la puerca torció el rabo

Suenan los clarines

El buen hijo