Por: Felipe Jánica

Con tan poco también se pasa bueno

A propósito de esta Semana Santa, y al igual que la del año anterior, tuve la oportunidad de seguir la tradición familiar de misionar. Esta vez nos tocó el turno del municipio del Piñal, en Cundinamarca. Un pueblo que adoptó su nombre gracias a la “bonanza” de la piña de ya hace unas tres décadas. Cuentan los vecinos del pueblo que, en efecto, el Piñal era un eximio productor de esta exótica fruta. Sin embargo, en el pasado ha quedado su nombre porque hoy día no se produce la fruta o por lo menos no como en otrora. Lo cierto del caso es que, en el Piñal, al igual que muchos de los municipios y veredas del país, no solo se les ha olvidado la producción de la Piña, sino que pareciera que han quedado en el olvido a la merced de sus propios habitantes.  

Con familias misioneras, mi familia y yo tuvimos la agradable fortuna de hacer parte de un grupo de más de 120 familias que nos dedicamos, por esta época del año, a llevar un mensaje de esperanza. Esa esperanza tan anhelada por los habitantes de este pequeño municipio de Cundinamarca. En la Semana Mayor, cuando la mayoría de los colombianos esperamos tomarnos un merecido descanso, las familias misioneras se dedican a llevar el mensaje de Cristo. Ese que por algún momento pareciera haberse olvidado. Recordar y vivir, junto con familias misioneras, el verdadero sentido de la Semana Santa, no solo reconforta el alma, sino que es un coadyuvante del merecido descanso.

La semana Santa no es sinónimo de descanso banal, por lo menos no para mí. El año pasado cuando pude compartir por este medio mi experiencia de misionar, la reflexión que tuve es que debería seguir haciéndolo. Este año, al igual que la navidad pasada, pudimos hacer nuevamente una misión. Llevar la palabra de Dios y explicar, sin preparación alguna, el mensaje de Cristo nos hace vivir y recordar lo bueno que es Él con la humanidad. Aprender a través de las experiencias de nuestros hijos no tiene precio. Tampoco lo tiene el recibir como respuesta de las familias visitadas un abrazo y un agradecimiento infinito que no se hace tangible con palabras. Ahí es cuando uno se da cuenta que la misericordia de Dios es eterna y debemos estar eternamente agradecidos por el Amor que nos ha dejado.

Estar en medio de una cuarta revolución industrial, es decir estar conectados, me hace recordar que nos debemos conectar con lo básico. Las necesidades económicas no hacen parte de lo básico. Más bien es una consecuencia de hacer las cosas por el camino correcto. En estas misiones, se da uno cuenta que las necesidades de las familias visitadas no son económicas. Por el contrario, lo que la mayoría de las familias reclama es tener más y mejor calidad de tiempo con su familia. Las necesidades incluso son mucho más básicas de lo que uno podría imaginarse. Tener por ejemplo una mano amiga y recibir un mensaje de esperanza valdrá más que una necesidad material, o por lo menos así nos lo manifestaron en estas misiones.

Con esta oportunidad que Dios me ha regalado a mí y a mi familia, quiero resaltar que con tan poco se puedo recibir más de lo que uno espera. Más allá de un merecido descanso por esta época del año, recibir y vivir la experiencia de conocer las necesidades de otras familias y que ellas no sean económicas, no tiene precio. Por eso antes de seguir pensando que la Semana Santa es un momento de descanso, por lo menos para mi es y seguirá siendo mi momento de recargar las baterías de compartir el mensaje de Dios y de lo que su hijo nos ha dado y nos seguirá dando. Eternamente agradecido con familias misioneras.

En Twitter @JnicaV

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2019-04-22T00:00:36-05:00

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