Por: Julio César Londoño

Con todas las pepas de la maraca

ESTE MES SE LANZARÁ EN 24 CIUDAdes de Colombia el libro de cuentos Este verde país.

Editado por Hombre Nuevo Editores y con el patrocinio de la Dirección de Artes de Mincultura, el Banco de la República y la Cámara Colombiana del Libro, esta publicación es el cuaderno número dos de Renata, quizá el programa más serio, económico y significativo de la historia de Mincultura. Renata es una red de talleres de escritura creativa que cubre todo el país. Los cursos tienen una sesión presencial a la semana y una duración de dos años. Los alumnos se escogen por convocatoria pública. Basta que tengan un cierto bagaje literario y que escriban de manera aceptable. Hay uno o dos talleres por departamento. Los talleres son visitados varias veces al año por autores nacionales de primer nivel, los Escritores Asociados al programa.

Al frente de cada taller hay un director. Todos los directores son escritores pero la diversidad es enorme (el rebusque obliga): hay profesores universitarios, figuras conocidas y autores anónimos, un locutor que también dirige una chirimía y dos editorialistas; hay uno que habla spanglish, otro que habla la lengua de la tribu Kamsá (Putumayo) y otro que no habla nunca; hay tipos cosmopolitas y sujetos cimarrones que apenas se orean cuando Renata los reúne alrededor de un gran evento (la Feria del Libro de Bogotá o el Hay Festival de Cartagena) para que realicen sus cónclaves, compartan estrategias y discutan por enésima vez si las destrezas literarias son un virus transmisible o un don divino. Al tiempo, los directores reciben clases de un Premio Pulitzer, de un Premio Planeta o de un Nobel en persona.

Renata es un diálogo de regiones, una vasta coral que puede disonar, como el país, o un collage abigarrado, el mejor mapa de Colombia que mis ojos han visto. El escritor Cristian Valencia lo resume así: Renata tiene todas las pepas de la maraca nacional.

Además de los cuentos de los alumnos de la Red, Este verde país trae siete ensayos reveladores sobre las teorías del cuento; los hicieron los Escritores Asociados: Roberto Rubiano (El guijarro y el lago), Nahum Montt (Tres apuntes sobre el oficio de escribir), Antonio Ungar (Corriendo junto a la joven Renata), Yolanda Reyes (Leer y jugar, coser y cantar), Sergio Álvarez (Aprendiendo a no enseñar), Pilar Lozano (Ejercicios de la memoria) y Cristian Valencia (Renata y yo).

Este cuaderno número dos es superior al número uno, la compilación que se publicó el año pasado y que no era un mal libro, lo que demuestra que los “renatos” están haciendo bien su trabajo, que el programa se está consolidando y empieza a mostrar, en escasos tres años, resultados promisorios. Por eso nadie entiende por qué Mincultura anuncia, justamente ahora, recortes presupuestales al programa. Ojalá reconsidere esta triste determinación. Creo que es preferible sacrificar espectáculos vistosos pero caros y apenas puntuales, flores de un día, y apostarles a programas de formación a largo plazo, que son los que de verdad cuentan y engrandecen el espíritu de las naciones.

Este verde país no es un libro de cuentos felices, tal vez porque no fue escrito para corroborar la conseja de que somos la nación más feliz del mundo. No es el libro que yo me llevaría para la isla deshabitada, pero no tiene una sola historia mala. Sus cuentos son regulares, buenos o excelentes. Ninguno está mal escrito, técnicamente hablando, pero ninguno está escrito desde la mera técnica. En todos se escucha el bajo profundo de un corazón detrás del traqueteo de las teclas. Todos, para usar el término de Cortázar, son historias hondamente significativas. Mejor dicho: es el libro que, pensándolo bien, quiero llevarme para la bendita isla.

 

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