Por: Aura Lucía Mera

Condenados

Así tituló el diario el Universo de Guayaquil su edición del jueves 21 de este mes.

Media página en blanco denunciando la mordaza que le acaba de poner a la libertad de expresión Rafael Correa, condenando a los directivos de este diario que cumple 90 años de existencia y siempre se ha caracterizado por su independencia y su valor ante numerosas dictaduras que han ensombrecido la historia de este bello país. La condena, además, se complementa con la exigencia de pagar 80 millones de dólares al caudillo y tres años de cárcel para sus tres propietarios.

He sido testigo presencial de este acto demente. Estoy en Quito. Antes de comentar las atrocidades del régimen, transcribo una fracción del texto que El Universo, con todo el valor, público ese nefasto día:

“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes no trafican bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada. —Ayn Rand. Novelista y filósofa rusa estadounidense, 1950”.

Resumo el surrealismo: el escritor de opinión Emilio Palacio publicó en El Universo una columna titulada: “No a las mentiras” indagando por los misterios de los muertos civiles en el episodio del pasado septiembre cuando Correa estaba escondido en el hospital militar. Correa se agarró de esta columna para acelerar su sueño dorado de caudillista: controlar y amordazar la libertad de expresión. El miércoles 20 de este mes un fiscal acabado de nombrar a dedo horas antes, vestido de terlenka, en una maratónica velocidad, se leyó el expediente de más de mil folios y escribió una sentencia de más de cien páginas en menos de 24 horas. Pronunció el fallo condenatorio y posteriormente renunció.

Esa mañana, sólo tuvieron acceso a las cercanías del recinto áulicos de Correa. A los opositores los agredieron a huevazo limpio y a la asambleísta representante de los indígenas, Lourdes Tiba, le apedrearon su auto, sin importarles un pito que su hija pequeña estuviera dentro.

Ya Correa había logrado que su archienemigo, el banquero Egas, le pagara 600 mil dolares por una supuesta injuria monetaria del banco hacia él, con lo cual el caudillo se compró un apartamento en Bruselas. Pero ahí no para la meta de este presidente, el único que obtuvo en su elección la mayoría de los votos ecuatorianos que creyeron de buena fe en sus proyectos sociales y progresistas para el país, siendo luego engañados olímpicamente. La meta es adquirir el poder en todas sus ramas: ejecutivo, legislativo y judicial. Su método: amedrentar, incautar, insultar, por un lado, regalar bonos populistas de vivienda, por otro, y hacerse el de la vista gorda ante una corrupción oficial.

Ecuador siente miedo, y con razón: los que no están con el caudillo irracional, están en la lista de los que van a silenciar, o chantajear económicamente.

Ecuador, país-boutique y mágico no merece este presente, ni mucho menos el sombrío futuro que se le avecina. Ojalá reaccionen ya. Basta de atropellos. No al silencio. No al chantaje. El miedo no puede paralizar la libertad.

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