Por: Marcela Lleras

Confabulación

AUNQUE EL TEMA DEL HUNDImiento de la reforma política en el Congreso esté trillado por los columnistas, quiero volver a él, simplemente para seguir insistiendo y  no dejar que caiga en el olvido tan pronto; en ese olvido que conocemos todos, donde van los temas poco convenientes. O para evitar lo que ocurre muy seguido: viene otro tema que causa más consternación que el anterior, y lo desbanca.

Lo que sucedió con la reforma política en el Congreso no es de extrañarse por las condiciones personales de quienes lo integran. Es un Congreso corrompido y desprestigiado. (Es cierto que hay gente honesta, pero no la dejan trabajar).  No estoy diciendo que sea un fenómeno reciente: viene de mucho tiempo atrás, con todo el tejemaneje de las prácticas del clientelismo político. Sin embargo, como la corrupción es una ola grande que va creciendo y causando estragos por donde pasa, el Congreso de hoy no es solamente clientelista sino, además, cómplice de criminales. Una parte escandalosa de quienes lo componen, obviamente, está pagando los favores de sus electores en las distintas regiones del país: en este caso concreto, los paramilitares.

Esos cómplices son los que tienen en este momento el derecho y la facultad de hacer las leyes de nuestro país. Por eso debe resentirse que la reforma política, particularmente con la sanción de la silla vacía, no fuera aprobada porque, de alguna forma,  era una pequeña talanquera, un castigo para los partidos o las personas que, usufructuando su paso por el Congreso, están a las órdenes de criminales. Así se refleja  la degradación del país.

Viendo todo el panorama enredado y maluco se llega a la conclusión de que hay un ambiente de confabulación entre el  poder ejecutivo y el legislativo. Esa práctica es de siempre, pero no debe ser  para favorecer a quienes están al margen de la ley. Menos mal que aunque no pasó la reforma con la silla vacía, hubo personas, inclusive de la coalición del gobierno, que no se dejaron meter en este juego sucio.

De otro lado,  el Presidente nombró una  comisión  de siete “notables” que se harán cargo de estudiar la situación y proponer ideas para hacer una reforma constitucional o lo que sea. He visto que cuando se crea un comité o una comisión, en momentos complicados, lo que se busca es disfrazar o enredar una situación que se salió de madre. Pero no quiero ser pesimista. Como muchos colombianos, estaré pendiente de las recomendaciones de la Comisión de Ajuste Institucional. Supuestamente propondrá maneras de depurar y regenerar  un Congreso descompuesto, y otras cosas que no están muy claras. Veremos qué tan independiente llega a ser de ese poder omnímodo del ejecutivo que se creyó legislativo.  

Siquiera no pudieron frenar la ley de víctimas en el Congreso. Debió ser que los que hundieron la silla vacía –al ver la reacción tan adversa de la mayoría de la gente– resolvieron hacer un acto de enmienda y votaron a favor. Pero hubo un gol al retirar, a petición del gobierno,  la expresión “víctimas del conflicto armado” por “víctimas de la violencia”. No es con manejo de léxico (ni con manuales de periodismo) como se va a cambiar la realidad colombiana. Existe un conflicto armado y el mundo entero así lo ve.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Marcela Lleras

Otros héroes

Muy sospechoso

Los íncubos y súcubos de la Episcopal

Colgados de la brocha

Tal para cual