Por: Felipe Zuleta Lleras

Congreso de pícaros

Pasó lo que tenía que pasar. Un Congreso conservador, pacato y mediocre enterró de un plumazo el proyecto de ley que pretendía legalizar los matrimonios para las parejas del mismo sexo. Esto, por supuesto, no me sorprendió, pues para que los “honorables” padres de la patria decidan, tiene que haber prebendas de por medio. Contratos, puestos y demás vagabunderías.

Cuatro millones de colombianos de la comunidad LGBTI vieron frustrados sus derechos, a pesar de que el artículo 13 de la Carta reza que no podrá haber discriminación por razón de la condición sexual. Pero eso poco les importó a los senadores, porque se pasan limpiándose con la Constitución sin que nadie pueda hacer nada para evitarlo. Si se la pasa por la faja el procurador Ordóñez, que dizque los disciplina, ¿por qué no la han de hacer esos sinvergüenzas que se ganan 25 millones de pesos al mes para trabajar tan sólo unos pocos meses al año?

Por supuesto que cualquier cosa que uno diga es llover sobre mojado, porque los ciudadanos salen en las próximas elecciones a votar por ellos, gracias a las tejitas y los mercados que muchos reparten, haciendo del voto una explotación del hambre y la miseria en la que viven millones de colombianos.

El Gobierno también pasó de agache, con unas frases políticas muy, pero muy diplomáticas dichas por el ministro del Interior, Fernando Carrillo. Es una lástima que tantos millones de colombianos sean tratados como parias en su propio país, como si no existieran para ellos la ley y la Constitución. Esta es una forma de discriminación que debe ser rechazada, pues, por principio, nadie puede ser tratado como ciudadano de segunda en un país que dizque se precia de ser la democracia más antigua del continente.

Sólo espero que al menos haya investigaciones en contra del senador Roy Barreras, que defendía a los gays públicamente pero quien, literalmente, sacó el culo en el momento de votar para cumplir con unos compromisos que firmó con una iglesia cristiana, a cambio de votos, como lo denunció un pastor en Blu Radio.

No me equivocaba cuando decía que el Congreso era una alcantarilla llena de ratas que había que higienizar, lo cual hoy, estoy convencido, no se puede hacer ni con Clórox, que todo lo limpia.

Cobardes los 11 senadores que no asistieron, pues al menos los que votaron en contra pusieron la cara. Cobardes porque no fueron capaces de asumir una posición como la que asumió valientemente el senador Benedetti, quien aun arriesgando su prestigio se la jugó a fondo. En fin, este es otro capítulo vergonzoso para el país, pues a pesar de que los senadores no legislaron, las parejas del mismo sexo son imparables en lo que tiene que ver con sus derechos, como lo fueron las mujeres cuando exigían que las dejaran votar.

Colombia no deja de ser un país de contrastes extraños, contrastes que duelen, en donde los ricos son más ricos y los pobres más pobres, en donde todavía se discrimina de una manera grotesca y feroz.

 

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