Por: Cecilia Orozco Tascón

“Conjura” internacional

EL MUNDO SE EQUIVOCA CUANDO exhibe como trofeos cifras negativas sobre Colombia. No sólo los opositores internos —e incluso dos directores del Dane— le han quitado sus justos méritos al Gobierno con estadísticas torcidas.

De manera perversa se unieron a ellos la semana pasada la Alta Comisaría para los refugiados (Acnur) y la Oficina contra la Droga y el Delito (Unode), ambas entidades de Naciones Unidas que entregaron unos resultados tan censurables, que denotan a las claras que ellas están aliadas con el Polo, el Liberalismo y de pronto hasta con la guerrilla.

Si Acnur sostiene que existen tres millones de desplazados miente, pues la verdad oficial es incontestable: aquí no hay conflicto interno sino violencia esporádica, que es otra cosa. La Unode también confunde con sus datos porque reporta un crecimiento del 27% en los cultivos de coca. Nada más falso. El problema de la droga está dominado. Es más, si la ONU fuera imparcial ya habría reconocido que el pronóstico del muy ponderado ex ministro Fernando Londoño en cuanto a la desaparición de los cultivos ilícitos, ya se cumplió.

Para detener el complot que se cierne sobre la nación, ésta debe asegurarse de que no haya más infiltraciones subversivas como la que ha sufrido, a propósito, la bancada demócrata del Congreso de Estados Unidos. Como es sabido, los parlamentarios gringos hacen parte de la maligna estrategia planetaria creada para dañar la imagen del Gobierno. Otra que anda por mal camino es la Confederación Sindical Internacional, que agrupa a 168 millones de trabajadores. Su naturaleza sospechosa explica por qué la CSI se atreve a señalar que este es el país más peligroso del universo pues lo cierto es, tal como lo ha demostrado el Ministerio de Protección Social, que los sindicalistas mueren aquí de muerte natural. Si a los homicidios casuales les suman los de los profesores activistas, es por mala fe. ¿A quién se le ocurre agregar esos ‘accidentes’ a otros asesinatos? Educador es educador, no maestro de obra.

Cual epidemia, a la lista de conspiradores ingresó hace rato el Banco Mundial. Por razones que aún no se descubren, este organismo fue el primero en promover el siniestro plan cuando ordenó revisar los efectos de la reforma laboral de 2002. Un revolucionario disfrazado de economista andino, Alejandro Gaviria, le hizo la tarea, pero entonces se desconocía que su cerebro había sido invadido por el virus del comunismo global. No de otra forma se entiende que haya revelado en un diabólico documento que aunque los asalariados perdieron beneficios y estabilidad laboral, los empresarios no generaron más empleo. Gran desatino.

Menos mal que el Gobierno idolatrado se ‘mosquió’ y no ha permitido que lo minen. Está derribándolos a todos en desarrollo de una bien disputada batalla campal. Y va ganando, como Don Quijote contra sus molinos de viento.

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Puntada.- Le queda muy mal al otro periódico nacional utilizar sus páginas de domingo para tratar de hacerle daño a El Espectador. La ansiedad por conservar para sí toda la plata de la publicidad, que es el verdadero trasfondo de su teléfono rosa, es desleal, poco elegante y deja entrever su inseguridad con el regreso a la circulación diaria de este medio. Me niego a creer que la nota fuera ordenada por alguno de los antiguos o nuevos socios de esa casa. Prefiero pensar, porque la aprecio, que fue un “embuchado” vulgar que se coló sin su asentimiento.

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