Por: Hugo Sabogal

Conocidos y por conocer

La elección del español Álvaro Palacios como Hombre del Año por parte de la revista inglesa “Decanter” —y cuya trayectoria y aportes reseñé aquí el domingo 15 de marzo—, tomó a muchos por sorpresa.

Si bien Palacios nació en el seno de una familia riojana, su vida como viñatero y creador ha transcurrido principalmente en la zona de Priorato, en Cataluña. Y el Priorato, para la mayoría de los aficionados, se suele salir de la habitual hoja de ruta que todos nos trazamos para guiar nuestra curiosidad en términos de orígenes, tipos y estilos de vino que se producen en el Viejo y en el Nuevo Mundo.
 
En realidad, si nos mantenemos en España, nunca habremos hecho la tarea completa si no incluimos en nuestra lista de “vinos probados” a Rioja, Ribera del Duero, Jerez de la Frontera y quizás Navarra. Pero sin duda daremos un importante paso al frente —y nos llevaremos agradables sorpresas— si agregamos etiquetas de Rueda, Rias Baixas, Penèdes, Somontano, Bierzo, Jumilla y Ribera Sacra, para mencionar sólo unas pocas.
 
Lo mismo nos ocurrirá con Francia. Por lo general, se nos pega la aguja en insustituibles regiones como Burdeos, Borgoña, Loira, Provenza y Champaña, dejando por fuera del surco al Valle del Ródano, Alsacia, Anjou, Madiran, Jura y Languedoc Rousillon, la más nueva e innovadora de las trescientas denominaciones de origen vigentes.
 
Si nos dedicamos a hacer el mismo ejercicio con Italia, seguramente ya hemos dejado atrás a los vinos de Toscana, Véneto, Piamonte y Friuli-Venecia-Julia. Pero nos falta incluir Trentino, Alto Adige, Umbría, Sicilia, Puglia, Emilia Romagna, Lazio, Basilicata y Abruzzo. En verdad, es una pena que Italia parezca tan distante a nuestras aventuras enológicas. Pero si no lo intentamos ahora, nos quedaremos siempre con la duda.
 
Portugal es otro territorio por descubrir. Nuestra zona de confort gira alrededor del Oporto, Duoro, Alentejo y Madeira. Pero es hora de incluir en nuestra lista de pendientes a zonas como Vinho Verde, Setúbal y Bairrada.
 
Y si a Portugal la sentimos todavía distante, ni se diga nada cuando nos referimos a Alemania. Ahí sí la distancia es literalmente kilométrica. Más allá de Mosela y Rheingau, nuestra memoria olfativa y gustativa no recuerda nada más. ¿Qué tal inadagar por Ahr, Nahe, el País de Baden y el Palatinado? Ciertamente, nos toparemos con verdaderas joyas. Igualmente, si nos atrevemos más allá de los nobles Riesling, descubriremos increíbles Pinot Noir y Dornfelder, variedad tinta creada a principios del siglo XX por August Herold.
 
Y no hemos hablado todavía de Hungría (y de su Tokay), ni de Austria, Bélgica, Grecia, Eslovenia, Rumania, Suiza y el Reino Unido.
 
Si nos mudamos al Nuevo Mundo, quizás conozcamos la excelencia californiana en materia de Cabernet Sauvignon, Zinfandel y Chardonnay de California. Pero igual debemos hacer con el Petit Syrah de la misma región, o con el Pinot Noir y el Sauvignon Blanc de Oregon, el Cabernet Sauvignon del estado de Washington, el Riesling y el Gewürztraminer del estado de Nueva York, o el Moscato y Tocai Fruliano de Long Island. Ojo: la mayoría de los 50 estados de la unión también producen sus propias variedades.
 
De Argentina, claro está, conocemos muy bien su Malbec y su Torrontés, pero poco tiempo le hemos dedicado al Cabernet Sauvignon y al Chardonnay de altura, y menos aún al Bonarda, al Cabernet Franc y al Petit Verdot, En todos ellos hay algo que nos dejará fascinados.
 
Lo mismo nos ocurrirá con Chile, que nos ha acostumbrado a sus ya reconocidos Cabernet Sauvignon y Carménère. Pero el país suramericano se ha convertido en un potencia de variedades blancas como Sauvignon Blanc y Chardonnay, principalmente en la zona costera. Y en los últimos años ha rescatado cepas olvidadas como la Syrah, la Cariñena, la País y la Pedro Ximenez.
 
Tampoco olvidemos que varios importadores nacionales se han arriesgado con desconocidos y distantes orígenes como Sudáfrica (tierra de excelentes Cabernet Sauvignon y Pinotage), Australia (segunda patria del Syrah) y Nueva Zelanda (paraíso del Sauvignon Blanc y del Pinot Noir).
 
Todo esto para decir que nuestro listado de vinos conocidos y por conocer tiene aún grandes vacíos. El secreto está, por supuesto, en que dispongamos del tiempo (y del dinero) para explorar todos estos añorados vinos y territorios.

 

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