Conocimiento en la crisis y más allá de la crisis

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Esta semana participé en un foro junto a Mabel Torres, ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, y Brigitte Baptiste, rectora de la Universidad EAN. Dialogamos sobre el papel de la ciencia y el conocimiento a propósito de la emergencia sanitaria y la crisis social y económica que esta deja, así como sobre la responsabilidad y las tareas que el nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación tiene en relación con el futuro del país. Quiero compartir con los lectores algunas reflexiones y propuestas a propósito de estos temas.

La pandemia y la pospandemia hacen visible la necesidad del conocimiento. De su gestión dependen las estrategias de detección, atención y contención del coronavirus, el desarrollo del talento humano calificado y de los insumos tecnológicos para la prevención de la enfermedad y su tratamiento; sin duda, la calidad de los sistemas de salud se encuentra relacionada con los niveles de desarrollo científico y tecnológico de los países. Es fácil advertir que las consecuencias negativas de la pandemia tienen un mayor potencial de afectación en países cuyos sistemas de ciencia, tecnología e innovación son precarios. Las diferencias de desarrollo en estos sistemas son igualmente determinantes en la manera y la velocidad con que cada país podrá superar la crisis.

Superar la crisis precisa asumir una estrategia de carácter integral que fortalezca las capacidades de las comunidades y de la industria, dando lugar a nuevos emprendimientos, generando empleos, aumentando la competitividad de nuestro país y contribuyendo a alcanzar el bienestar social y el beneficio económico en armonía con el medio ambiente. Esta estrategia ya ha sido delineada; el informe de la Misión Internacional de Sabios 2019 constituye una carta de navegación para transformar a Colombia. Sus pilares son la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación. Sus propósitos se resumen en tres grandes retos: Colombia biodiversa, Colombia equitativa y Colombia productiva y sostenible. Esta es la estrategia que debemos asumir como país bajo el direccionamiento y coordinación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Las biorrefinerías constituyen un ejemplo de cómo el conocimiento debe ser la base para superar la crisis, a la luz de los planteamientos de la Misión de Sabios; se trata de una alternativa de desarrollo industrial que reemplaza las refinerías petroquímicas, sustituyendo los recursos fósiles por recursos renovables derivados de biomasa de la cual disponemos abundantemente con los residuos agrícolas, forestales, pecuarios y las basuras. Para superar la economía extractiva debemos pensar en el desarrollo de los territorios con el empoderamiento de las comunidades. La ciencia y la tecnología, así como las artes y las ciencias sociales y humanas, son fundamentales en este desarrollo. Con el conocimiento es posible una economía circular: transformar de manera sostenible la biomasa en energía y bioproductos, con múltiples cadenas de valor, con empresas y empleos formales, con cero residuos y con un mayor aprovechamiento y cuidado de nuestra riqueza natural y ambiental.

Un modelo de bioeconomía como este requiere de la articulación de las universidades y centros de investigación, de los sectores productivos, de las comunidades organizadas y de las instituciones del Estado. Hasta ahora cada uno de estos actores ha trabajado por separado. El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación tiene la responsabilidad de convocar la constitución de un Sistema Nacional de Innovación que asuma como propósito desarrollar la hoja de ruta planteada por la Misión de Sabios, alineando a todos los actores a nivel local, regional y nacional.

El conocimiento siempre es un logro colectivo. Frente a los desafíos que afrontamos como país, es necesario que asumamos colectivamente, todos los actores, el reto de gestionar el conocimiento, aprendiendo de manera continua, para ponerlo al servicio de las comunidades.

Para superar la crisis y lograr las transformaciones estructurales se requiere planeación y un trabajo de mediano y largo plazo, en donde todos sumemos sin pensar solo en réditos inmediatos. Un sistema en donde el arte, las humanidades, la tecnología y las ciencias sociales y exactas, como expresión del conocimiento, hagan parte de la cotidianidad de los colombianos nos exige dejar de actuar y pensar de manera individual y fragmentaria; necesitamos sumar esfuerzos, construir con todos los actores con visión de largo plazo, desarrollando procesos completos. Sembrar la semilla también es un logro sin el cual no nace la planta ni se cosechan los frutos.

Esto será posible en el marco de un Sistema Nacional de Innovación en el que nos encontremos todos. Sistema del cual el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación debe ser el timonel, asumiendo su coordinación como expresión de un proyecto ambicioso de Estado, pensado en grande y capaz de transformar a Colombia.

@DollyMontoyaUN

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

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