Por: Mauricio Botero Caicedo

Consecuencias de un desacierto

APARTE DEL RECHAZO CASI UNÁNIme en el país a las políticas paternalistas y vacilantes del Ministro de Minas, el Gobierno enfrenta una nueva huelga en el transporte de carga.

La medida tardía de bajar en 400 pesos el galón de gasolina no mitigó el paro: los camioneros la consideran inadecuada y exigen que haya una rebaja inmediata entre $1.300 y $2.000 por galón en el precio del combustible.

El presidente Uribe (quien en rueda de prensa el martes pasado regañó airadamente a los ministros de Transporte y de Minas, reclamándoles que si no le van a ayudar, que le avisen) afirma: “No es socialmente justo, ni presupuestalmente posible, que el país regrese a los subsidios de los combustibles”. El mandatario tiene toda la razón: el país no puede ni debe regresar al esquema de subsidios de los combustibles. Pero en vez de aprovechar la coyuntura actual de precios del petróleo a la baja para desmontar de una vez por todas el esquema vigente, lo que el Ministro de Minas organizó fue un Fondo de Estabilización con la peregrina tesis de que el precio del petróleo a corto plazo va a subir nuevamente. El Gobierno sostiene que, no teniendo los consumidores ni la madurez, ni la capacidad de asumir este aumento, hay que sacarles hoy la plata del bolsillo, con la vaga promesa de devolvérsela mañana.

Si los ministros de Minas y de Hacienda pretenden ayudar al Presidente, se deben dejar de majaderías y establecer de manera inmediata un mecanismo móvil de ajuste de precios, mecanismo que tiene que reflejar el costo real del petróleo, la tasa de cambio y los costos de refinación, eliminando de manera simultánea todo subsidio implícito o explícito. La falta de transparencia y arbitrariedad en el manejo de los precios (con el agravante de tener al Ministro de Transporte metiendo baza en el asunto al declarar que en las actuales condiciones no hay espacio para más rebajas) va a seguir teniendo un enorme costo político para el presidente Uribe, quien en estos momentos lo único que no necesita es dos o tres ministros manejando a la topa tolondra un tema tan delicado como el precio de los combustibles.

La tesis del aumento inexorable de los precios del petróleo tiene tanto de largo como de ancho. Para el editorialista de Newsweek Ruchir Sharma (abril 20/09), basado en un estudio de la Banca CSFB, la historia de los precios del petróleo desde 1870 al presente indica que los períodos de petróleo estables y posiblemente a la baja (bear markets) duran entre 11 y 27 años, mientras que los de las alzas (bull markets) tienen duración entre 4 y 9 años. Scharma argumenta que el último período alcista (en que los precios se multiplicaron por un factor de nueve) terminó el verano del año pasado y que en 1979 (cuando terminó el penúltimo período al alza) el petróleo se mantuvo estable y con tendencias a la baja durante veinte años. Para Sharma, hay tres fuerzas que confirman la tendencia de los precios a la baja: la primera es que no parece probable que el mundo regrese a los niveles de consumo del petróleo del 7% del PIB global; la segunda es el menor crecimiento económico de la China y de la India; y la tercera es la manifiesta incapacidad de la OPEP, no obstante tres reducciones seguidas en producción, de lograr que los precios del crudo suban. Por lo tanto, la premisa del Gobierno de un aumento a corto plazo en los precios del petróleo, no necesariamente está sustentada.

Finalmente, todo Fondo de Estabilización implica más y más burocracia. Como bien lo definió Balzac, la burocracia casi siempre se convierte en una gigantesca maquinaria manejada por pigmeos. Con el fallecido filósofo Bertrand Russell, uno se pregunta ¿por qué el Gobierno, respecto a los precios de la gasolina, insiste en cometer los errores del pasado, habiendo tantos nuevos errores por cometer?

 

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