Consejo Nacional Electoral sí, pero no así

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Es cierto que el país requiere una autoridad electoral que vigile la manera como se abordan las elecciones y las prácticas malsanas que se ejercen con tal de ganar en las urnas. El problema es que esta autoridad no puede ni debe ser la que existe en nuestro país. Hablo del Consejo Nacional Electoral (CNE), y si vamos a continuar con esta entidad, debe reformarse.

Me gustaría saber en qué otro país del mundo los partidos políticos escogen a las personas que los van a vigilar y controlar, y de ñapa ponen a sus representantes y senadores a votar por ellos, para que también ejerzan control sobre los candidatos que apoyan los mismos congresistas.

¿Podrá ejercerse un trabajo serio en estas circunstancias? Ya lo ha dicho en muchas ocasiones el exmagistrado del CNE Armando Novoa: este organismo, más que un ente de control, es una especie de “ratón cuidando el queso”, lo que en palabras cristianas significa que sus miembros se dedican a cuidarse la espalda el uno al otro, sin destapar la corrupción y las malas prácticas que pueden existir en determinado partido, por temor a que el resto de compañeros puedan destapar las del suyo.

No de otra forma se puede uno explicar la razón por la que no se abordan con seriedad y eficiencia investigaciones como la de Odebrecht y la ñeñepolítica, que involucran miles de millones de pesos, y sí en cambio se actúa con rapidez por $300.000 que una funcionaria pública donó de su sueldo a la campaña de Gustavo Petro.

La forma como se eligen los magistrados del Consejo Nacional Electoral vicia la labor que estos ejercen y la llena de sospechas, porque, así no lo quieran, el entorno que los rodea genera desconfianza.

Por eso el Gobierno Nacional debe incluir en una posible reforma electoral la posibilidad de que los candidatos a magistrados del CNE no sean seleccionados por los partidos políticos, ni que sus electores sean los congresistas.

Si estos van a ejercer una función de vigilancia y control, lo ideal es que para elegir a un magistrado se conforme una terna de candidatos seleccionados uno por el presidente de la República, otro por el procurador general de la Nación y el último por la Corte Suprema de Justicia, y que sea el pleno del Consejo de Estado el que decida el nombre del ganador.

Por supuesto, es necesario un régimen de inhabilidades y las más importantes son: no haber sido congresista, candidato al Congreso, director o secretario de algún partido o movimiento político.

Solo así se podrá meter en cintura a los partidos y movimientos políticos y las investigaciones por corrupción electoral podrán llegar a un fin y, estoy seguro, serán abordadas con total seriedad.

@sevillanojarami

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