Notas de buhardilla

Conspiraciones palaciegas

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Este Gobierno ya se muestra igual a los de Uribe, persiguiendo y pidiendo la cabeza de periodistas, hostigando a críticos y hasta usando la Fiscalía para intimidar y silenciar.

La primera conspiración es la del silencio ante las graves denuncias de Aída Merlano que comprometen a Duque y a las poderosas castas de los Char y los Gerlein. Que muchos medios callen ante este escándalo, sobre el que han sido tibias las explicaciones del gerente de la campaña y del propio Duque, huyéndole al examen crítico de lo que dijo u omitió la excongresista, es tan irresponsable como que el nuevo fiscal anuncie que mientras Aída Merlano permanezca en Venezuela no habrá investigación. La noticia criminis de la que hablan los entendidos esta vez no tiene importancia para la Fiscalía mientras la denunciante no venga a Colombia, donde tampoco fue posible que la oyeran cuando estaba presa aquí. Por fortuna, la Corte Suprema no se montó en esa cómplice postura y abrió indagación preliminar contra el parlamentario Arturo Char, cuya aspiración a la Presidencia del Senado quedó herida de muerte.

El testimonio de Merlano debe confrontarse con los hechos para definir si dijo o no la verdad, pero eso solamente lo puede averiguar una investigación neutral, que no la hará la Fiscalía porque no quiere ahondar en lo que ella reveló. Si desde Venezuela la exparlamentaria dijera que sabe quién ordenó el crimen de Álvaro Gómez Hurtado, en el que tanto interés tiene ahora el Gobierno, ¿qué haría la Fiscalía?

Y a propósito de Gómez Hurtado, es notorio que también está en curso un complot judicial. En la posesión de Barbosa, el subpresidente Duque no solo calificó como crimen de lesa humanidad el asesinato del dirigente conservador, lo que no le corresponde a él ni a la Fiscalía, sino que a esa inexactitud agregó la de que ha habido impunidad en esa investigación, cuando hay un condenado por ese execrable crimen. Y a renglón seguido, Duque instruyó a Barbosa para que ellos, en su supuesta condición de testigos de las “ametralladoras” que mataron a Gómez, puedan ver en la cárcel a los autores materiales e intelectuales. Barbosa asintió obedientemente, pues ambos engañan a la opinión pública pregonando que son exalumnos de Gómez Hurtado, lo cual no es cierto, además porque de haberlo sido habrían aprendido que para sancionar un crimen no debe incurrirse en otro.

La orden de Duque a su fiscal Barbosa es la prolongación de una vieja confabulación con muchos protagonistas, dirigida a desviar de nuevo esa investigación. En plena campaña electoral, el camaleón Angelino Garzón de repente empezó a pedir que había que llegar al fondo en esta accidentada pesquisa. Luego Uribe pidió al tenebroso fiscal Martínez que interrogara a unos narcos presos en Estados Unidos. Ahora Barbosa —que empezó dando palos de ciego nombrando como vicefiscal a un exfuncionario de Corficolombiana y militar de la reserva— sacó de la manga al fanático Gabriel Ramón Jaimes Durán —¿quién se lo impuso?—, un fascista impresentable que además está impedido para asomarse a estas investigaciones, como al parecer lo quieren Alejandro Ordóñez y el consejero de Seguridad, Rafael Guarín, un teniente converso de la ultraderecha, de quien pronto me ocuparé en otra columna.

Jaimes Durán ya intentó, como procurador delegado durante la procuraduría de Ordóñez, desviar la investigación por el asesinato de Gómez Hurtado con el fin de que los militares que estuvieron comprometidos queden a salvo y en su lugar se involucre a inocentes que nada tienen que ver con ese asesinato. De la mano del sinvergüenza y corrupto Ordóñez, Jaimes Durán pretendió vincular al DAS, entonces dirigido por este columnista, a este alevoso crimen con el imposible silogismo de que como en el magnicidio de Galán vincularon a un exdirector, lo mismo debía ocurrir en el caso de Gómez Hurtado, no obstante que sabían que la entidad ni siquiera lideraba la seguridad del político conservador.

Duque y sus apaches silencian medios y usan la Fiscalía para montar investigaciones temerarias a críticos. ¡Qué paradoja! Cuestionan la dictadura perseguidora de Maduro, pero hacen lo mismo. Queden notificados: primero muertos que arrodillados.

Adenda. Bienvenido el regreso de Uber. ¿Qué hará el subpresidente Duque con sus taxistas?

notasdebuhardilla@hotmail.com

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