Por: Iván Mejía Álvarez

Conspirando

La dirigencia no habla de fútbol. Está dedicada a la penosa tarea de conspirar. A los directivos no les importa el balón, sólo piensan en cómo irán a ser las elecciones de la Federación Colombiana el próximo año y están armando sus grupos para ir por la cabeza de Ramón Jesurún, el blanco preferido de los “conspiretas” liderados por el politiquerito presidente de la Dimayor, Jorge Perdomo.

Desde su llegada a la presidencia de la Dimayor, Perdomo ha dado cabal muestra de que conoce al dedillo las formulas de “la política”, el arte de la traición, las falsas promesas, las burdas mentiras, la repartición de “mermelada” encarnada en viajecitos al extranjero y repartición de dinero producto de frondosos préstamos bancarios que los dirigentes reciben como si no hubiera que pagarlos más adelante.

Entre tanto, el campeonato es una recocha: partidos aplazados al por mayor, canchas que se inundan y la solución es ponerles colchones viejos para sacarles el agua, como pasó este fin de semana en Manizales, arbitrajes de risa por lo malos que son, iluminaciones terribles donde sólo se ven largas y oscuras sombras.

Pero eso no importa para la dirigencia. Ellos están en las componendas, las mangualas, la búsqueda de los votos para acomodarse en la carrera hacia la Federación.

Y arriba, Perdomo repartiendo viajecitos para hacer méritos en su reelección y de pronto en la presidencia de la Federación, aunque él sabe que es más productivo mantenerse en la Dimayor, donde hace y deshace sin control alguno.

No se habla de fútbol, se habla de votos, y para conseguirlos hay que prometer mucho dinero a los equipos cuyos presidentes venden el alma al mejor postor. Ahora están empecinados en el tema de la televisión, porque en Argentina, Chile y otros países los equipos reciben más dinero que el que les dejan Win y RCN.

Entonces, a repetir la fórmula, buscar la manera de terminar esos contratos y conseguir alguien que maniobra desde la sombra, para tener los derechos del fútbol profesional.

No importa que no haya fútbol; importan los viajes y la banalidad política. Qué bajo se ha caído.

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