Por: Óscar Alarcón
Macrolingotes

Constituyente de Maduro

En un desesperado esfuerzo para contrarrestar las marchas que piden su dimisión, el dictador Maduro propuso la convocatoria a una Asamblea Constituyente para que reemplace la Constitución de su propulsor y artífice, Hugo Chávez. Los papeles se han invertido: el Gobierno busca la derogatoria de la Carta y la oposición lucha por su permanencia.

Pero la Asamblea de Maduro no es nada novedosa y, antes por el contrario, es retardataria. Parece entenderse que sus miembros no serán elegidos por el voto popular, porque se establecería un mecanismo torticero que busca lograr una mayoría de amigos del Gobierno, desconociendo la integración del actual órgano legislativo, de origen popular, en donde domina la oposición. Serían 500 miembros, la mitad de los cuales vendrían a ser electos por diversos movimientos sociales y la otra mitad por comunidades territoriales.

Esta propuesta recuerda una similar que presentó aquí el gobierno de Laureano Gómez y Roberto Urdaneta Arbeláez para una Constituyente. Es que los polos opuestos se juntan o son lo mismo. El Senado tenía una integración variada, entre quienes figuraban 15 miembros de organizaciones económicas y culturales de la nación. Fue tan descabellada esa iniciativa (y eso que no contábamos con Diosdado Cabello) que tres días después de presentada cayó el Gobierno y asumió el general Gustavo Rojas Pinilla, el 13 de junio de 1953.

Esto es propio de los regímenes fascistas y jamás de sistemas democráticos, y mucho menos de un gobierno que se precia de practicar el socialismo del siglo XXI. Con esta propuesta, ojalá a Maduro le suceda lo mismo que con nuestro gobierno de 1953. Porque no hay Maduro que no se pudra ni Cabello que no se caiga.

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