Contagio y vacuna contra el COVID-19

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Cuando se inició la pandemia, en varios artículos señalé que al igual de los virus del siglo XX, estaba representada por una curva que llegaba a un pico y luego descendía. En términos más técnicos, el número de contagios estaba representada por una curva exponencial en que el nivel de contaminación aumenta y la tasa de contaminación disminuye. Se trata de una enfermedad contagiosa que se dispara al principio, luego se debilita y desaparece. Por fortuna, no tiene la fuerza para sostenerse.

La evidencia colombiana, y en general del mundo, muestra que el proceso es irregular. Si bien el nivel del contagio aumenta en un principio y en algún momento desciende, se da en forma oscilante e irregular. En la actualidad se ve agravado por la aparición de cepas cada vez más infecciosas de origen desconocido.

El sistema opera adecuadamente cuando el nivel y la tasa de contaminación evolucionan en dirección opuesta. Esto ocurre cuando se logra reducir la tasa de contaminación por procedimientos de distinta naturaleza. Las dos variables evolucionan en dirección opuesta y validan la curva de contaminación, el nivel de contaminación sube a un ritmo cada vez menor, alcanza el pico máximo y, posteriormente, el sistema decae hasta desaparecer.

Las cosas no ocurrieron de esta manera porque las autoridades sanitarias, mediante procedimientos de distanciamiento colectivo, bajan en forma directa el nivel de contaminación. Las dos variables se mueven en la misma dirección. La baja del nivel de contaminación reduce la tasa de contaminación y esta aumenta la tasa de contaminación futura. Por lo demás, el proceso no es sostenible por los efectos psicológicos, políticos y económicos del distanciamiento que van en contra de la naturaleza humana; las autoridades sanitarias están expuestas a fuertes presiones para levantar los confinamientos. Se entra en un proceso de alza y baja del nivel de contaminación.

El proceso de la pandemia, que se presenta en múltiples fenómenos de física, ingeniería y economía, es determinado por una expresión matemática, que no se ha entendido adecuadamente y debe ser controlado por la tasa de contaminación. Es el mismo caso de los cuerpos móviles, como el automóvil, que se controlan por la velocidad y no por la distancia o el tiempo de recorrido. En abierta contradicción científica, el nivel de contaminación no se regula con la tasa de contaminación, sino con el distanciamiento colectivo. Los esfuerzos se orientan a bajar el nivel de contaminación mediante las cuarentenas y los protocolos improvisados. La tasa de contaminación baja en un momento a cambio de elevarse más adelante. Se entra en un proceso anárquico que no tiene cómo terminar.

La verdad es que el aplanamiento de la curva para reducir la ocupación de los hospitales y mejorar los resultados estadísticos alargó la enfermedad, distanció el pico y elevó excesivamente el distanciamiento colectivo que no es sostenible por las secuelas psicológicas y económicas.

La cadena de equivocaciones solo podrá detenerse cuando se reconozca que la tasa de contaminación es el único medio efectivo de control, como ocurre en la mayoría de procesos dinámicos de la naturaleza. La dificultad está en que no hay muchos procedimientos científicos para hacerlo. Una forma es la separación selectiva de los pacientes contaminados por procedimientos hospitalarios, como lo han realizado con gran audacia los países asiáticos. La otra forma es la vacunación que baja de un tajo la tasa de contaminación y puede aplicarse a la mayoría de la población en menos de un año.

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