Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Contaminación y calidad de vida

La mala calidad del aire y la dificultad en la movilidad en las ciudades son características de las economías emergentes.

En el proceso de globalización es frecuente oír a ejecutivos internacionales decir: “A Bogotá o Medellín no me traslado con mi familia, porque la contaminación es terrible”. Cuando por primera vez escuché esa frase consideré que era una excentricidad y manifesté mi molestia. Hoy la entiendo y acepto como una expresión que habla del deterioro de la calidad de vida en nuestras grandes ciudades. El ejecutivo extranjero puede elegir no venir, pero nosotros parecemos estar condenados a vivir en medio de la contaminación. En realidad no debemos aceptar esto como una condena, sino que, por el contrario, podemos demandar acciones de nuestros gobernantes y adoptar actitudes cívicas para cambiar esta situación. Según la Agencia Internacional de Energía, la tendencia global dice que para el 2035 en el mundo habrá 1.600 millones de autos para uso privado o familiar. Si estos autos son todos como los tradicionales habría una emisión de 8.200 millones de toneladas de CO2 por año a la atmósfera. Esto, sumado a las emisiones generadas por la industria, llevaría a un calentamiento global de más de 4°C, con los múltiples impactos negativos asociados. No encontré datos específicos para Colombia, pero el ritmo en que está creciendo nuestro parque automotor muestra récords cada semestre. Hay que intervenir ese proceso y la tecnología disponible ofrece diversas alternativas para atenuarlo.

Los autos híbridos que utilizan energía eléctrica combinada con motores a gasolina o diesel aparecieron en el mercado hace 14 años y últimamente sus ventas han aumentado significativamente, pasando de un millón de autos híbridos vendidos en el 2007 a tres millones en el 2011. Si hoy cambiáramos todos los autos por éstos las emisiones se reducirían en un 50%. Si nos vamos a los autos eléctricos, las emisiones son mucho menores y se reducen a lo que se emita según la fuente que utilicemos para producir la energía eléctrica (agua, carbón, gas). Según el Centro de Investigaciones en Transporte Sostenible de la Universidad de Berkeley, EE. UU., no hay duda de que en el futuro inmediato se impondrán los autos que usen fuentes de energía alternativa. Pero en Colombia esta tendencia aún no se expresa, pues los agrocombustibles, llamados biocombustibles, que son la fuente alternativa que estamos usando, no son ambientalmente aceptables.

En países donde predomina el libre mercado se han tomado medidas para incentivar el uso de los autos híbridos. En EE.UU., cuando el auto híbrido tenía un costo muy superior al auto normal, se generó un programa de disminución de impuestos para quien optara por autos de bajas emisiones. Hoy día, los híbridos compiten con los tradicionales en calidad y precio. En Colombia, el tema de los autos híbridos, o los de hidrógeno y oxígeno y los autos eléctricos es casi un asunto de ciencia ficción. Se debe definir una política de impuestos e incentivos para que la expansión y el reemplazo del parque automotor se realice con los autos de tecnología de vanguardia. Si queremos salir del estigma de contaminación y enfermedades respiratorias propias del subdesarrollo, debemos abrirles las puertas a formas energéticas más sostenibles y saludables.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Coca ≠ cocaína

Árboles urbanos y calentamiento global

Parques nacionales y producción sostenible

Sol y viento para el nuevo Gobierno