Por: Antonio Casale

Conte, Allegri y el nuevo fútbol italiano

Nereo Rocco fue un entrenador italiano que ganó todo con el Milan y que instauró el catenaccio o cerrojo defensivo como el sistema que identificaría por muchos años al fútbol italiano. Secundado por su gran amigo, el periodista Gianni Breara, que en sus escritos para la Gazzetta dello Sport le ayudó a explicarle a la gente que el catenaccio era el reflejo de la manera de vivir del pueblo italiano, allá sin drama no hay vida, Rocco logró que la gente se enamorara de su ultradefensivo método. Valores encarnados en frases como saber sufrir, lo importante es no perder, aguantar un segundo más que el rival y defender el lugar identificaron a un pueblo destruido moralmente tras el conflicto global. En tiempos de mucha pobreza y reconstrucción, los bajitos futbolistas del Mediterráneo italianos lograron ganarles a sus pares grandotes del norte de Europa a punta de su catenaccio, complementado siempre por un talentoso capaz de desequilibrar arriba, como Gigi Riva. Con esa fórmula fueron campeones de Europa en 1968, y en clubes el Milan de Rocco logró dos Copas de Europa (hoy Champions) y el Inter de Helenio Herrera hizo lo propio en el 64 y el 65.

Desde entonces, en Italia se aplaude más un quite deslizante que una cabriola y se condena el desorden defensivo con la misma dureza con la que por acá se critica la tacañería ofensiva. Vinieron padres de la táctica moderna como Arrigo Sachi, Enzo Bearzot, Marcelo Lippi y Fabio Capello y ganaron todos los trofeos posibles a partir del orden en defensa.

Pero después del título obtenido en Alemania por la Italia de Lippi, Italia entró en un bache institucional que incluía mafias y una quiebra económica que hizo mella en lo deportivo. Entonces tuvieron que reinventarse y llegaron tipos como Cesare Prandelli, que llevó a la nazionale a la final de la Euro de 2012, en donde cayó ante España. Sin embargo, Prandelli logró que su equipo, por primera vez en la historia, le perdiera el miedo a proponer, les dio mayores libertades a sus jugadores en ataque y los motivó a salirse del libreto. Sin embargo, la goleada sufrida aquella noche ante España, por cuatro a cero, significó una humillación para la gente, no tanto por perder sino por haber recibido tantos goles.

Esa moraleja fue tomada por Antonio Conte y Massimiliano Allegri. Ellos encarnan la nueva generación de entrenadores italianos que ya empiezan a marcar el nuevo rumbo del fútbol mundial, tal como lo hicieron sus antecesores. Para ellos, el orden defensivo sigue siendo fundamental, pero muestran variantes ofensivas dentro de un mismo juego, capaces de enloquecer a cualquier rival. Innovan en cuanto a que no se casan con un solo sistema y así lograron la resurrección de la Juventus. Hoy, Conte en Chelsea celebra su título de la Premier League, logrado en el primer año en Inglaterra, a donde llegó tarde, después de una muy buena Euro al frente de la nazionale. Mientras tanto, Allegri prepara la final de la Champions con la Juventus y sabe que tiene serias posibilidades de ganarle al Madrid de las superestrellas. Señores, Italia está de vuelta.

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