Por: José Fernando Isaza

Continuar

La encuesta de DATEXCO de octubre 17 señala que el 69% de los encuestados cree que está mal conducido el proceso de paz, 67% cree que no se firmará el acuerdo y el 76% piensa que las Farc no tiene intención de llegar a acuerdo alguno.

Cuando se inició el proceso, las cifras eran del 50%.

Estos resultados le atribuyen a la guerrilla la principal responsabilidad en el lento avance del proceso de paz, y al Gobierno un manejo inadecuado.

Los tiempos de la guerrilla, el Gobierno y la sociedad son distintos. A diferencia del M-19, que era una fuerza insurreccional predominantemente urbana, las Farc tienen en su origen y en su espacio un componente fundamentalmente rural. Los tiempos en el campo son los de siembra y cosecha, las horas las marca el tránsito del sol. En la cultura urbana los tiempos son las semanas y los días, y las horas las fija el reloj. Para el Gobierno los ciclos son electorales; para la guerrilla, en particular las Farc de corte estalinista-castrista, los ciclos son los “históricos”, cualquiera que sea el período que esto signifique.

Los acuerdos sobre el tema agrario, núcleo de las propuestas políticas de las Farc, se logró en un tiempo prudencial. Por lo que se ha filtrado se deduce que había coincidencias en ambas partes sobre la necesidad de reconocer los derechos de los campesinos, estimular la producción de alimentos en propiedades agrícolas familiares, reparar a las víctimas, titularizar parcelas familiares y mejorar la infraestructura de comercialización. Pensadores situados en las orillas opuestas de las Farc, como Hernán Echavarría, fueron enfáticos en señalar que los incentivos fiscales a los latifundios generan incentivos perversos contra la productividad y la equidad.

El siguiente tema de la agenda, la participación política, ha sido de más difícil negociación. Hay gran sensibilidad de la opinión publica sobre las peticiones de la insurrección. Algunas consideraciones pueden hacerse. Es totalmente justificado pedir protección para el ejercicio de la política. Limitándonos a la historia reciente, desde la desmovilización de las guerrillas liberales en los años 50, fuerzas oscuras, pero no desconocidas, han asesinado a los guerrilleros desmovilizados. Los militantes de la Unión Patriótica (UP) fueron exterminados.

Pedir un número de congresistas sin pasar por las urnas, similar al que tuvo la UP, no parece descabellado; menos de un 5% de la composición del Congreso. La sociedad fue más tolerante cuando los paramilitares y Francisco Santos afirmaron que los paras tenían más de 30% del Congreso.

La degradación de la guerra, con los ataques a la población civil, el secuestro, el reclutamiento de menores, la discriminación de las mujeres, etcétera, naturalmente han producido un rechazo a la guerrilla. Aunque las Farc no se caracterizan por la sensibilidad política, sí tienen claro que por vía electoral inicialmente no obtendrían ni el umbral. Si el presidente se levanta de la mesa puede subir su popularidad, pero se pierde la posibilidad de un futuro sin guerrilla. Por eso debe respaldarse su decisión de continuar las negociaciones, así se ponga en peligro su reelección.

El referendo, para aprobar o no el deseable acuerdo de dejación de armas, le da la oportunidad al votante de definir, así no esté de acuerdo con todo lo negociado, una apuesta por la paz dejando atrás 50 años de inútil guerra.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de José Fernando Isaza

Solución

Hegemonía

Cinismo

Descenso

150%