¿Cómo hacer para que el mandato anticorrupción no quede en el aire?

hace 2 horas
Por: Ricardo Gómez Giraldo*

Contra el Icetex, no

Otra vez el espectáculo se repite: vemos ríos de personas marchando, se desbordan las multitudes, encapuchados destruyen vitrinas y pintan palacios y casas. Protestan contra las propuestas de reforma, contra las privatizaciones, contra el sistema de salud.

Lo nuevo ahora —quién lo creyera— es que protestan contra el Icetex. En la última marcha contra el proyecto de Ley de Educación Superior, el pasado 7 de septiembre, la multitud rodeó sus oficinas y quebró vidrios. Incluso hackearon su portal web ese mismo día.

Los manifestantes pretenden comparar a Chile con Colombia y eso me recuerda lo que dice el filósofo Carlos Alberto Ospina: “Las masas son fácilmente incitadas por ideas y opiniones, pero sólo eso, incitadas, no llevadas a pensar”. Creo que la comparación con Chile o dirigir las protestas contra el Icetex prueba esta frase.

En efecto, comparado con Colombia, el sistema de crédito chileno es joven y llegó a millones de estudiantes en corto tiempo. Por el contrario, el sistema colombiano —liderado por Icetex— en medio siglo no ha pasado de 300 mil beneficiarios.

El sistema colombiano cubre generalmente a estudiantes de buen nivel académico, por lo que se puede decir que los créditos educativos no se han entregado de manera genérica y sin análisis. En Chile los créditos están a cargo de los bancos privados, con tasas comerciales. Hasta cobran tasas de usura, cuando quien adquiere el crédito se retira sin graduarse.

Por otra parte, el sistema de crédito estatal colombiano para los estudiantes universitarios contempla varios subsidios. Por ejemplo, el 25% de lo prestado por el Icetex se condona (esto es impensable en Chile) cuando el joven se gradúa. Además, la tasa de interés es equivalente a la inflación, es decir, la tasa real es cero.

Además del crédito, con recursos del Estado —o sea con los impuestos de los colombianos—, el Icetex le regala $600 mil en efectivo semestrales a los mejores estudiantes, para ayudar a sufragar su manutención (transporte, alimentación, etc.). Si siempre ha sido bueno educarse, ahora estudiar —gracias a los subsidios combinados del crédito y manutención— es aún mejor. Sobre todo si tenemos en cuenta que, según lo contemplado en el proyecto de reforma a la educación superior, estos subsidios se ampliarían incluso para los que no tienen créditos en dicha entidad. Por esto considero que, a pesar de las grandes diferencias entre el sistema de crédito educativo chileno y el colombiano, si el alto Gobierno no explica bien, si no apunta toda una estrategia de comunicaciones a demostrar las bondades del nuevo Icetex y a evitar la desinformación, puede suceder que la sociedad se quede con la idea de que el nuevo sistema nos hace parecer a Chile.

Está claro que apuntar contra el Icetex y debilitarlo sería perder uno de nuestros mayores activos sociales, pionero a nivel mundial y facilitador de la construcción de nuestra clase media. Luchar contra el Icetex es luchar contra uno de los pocos subsidios directos que no generan dependencia, sino que facilitan la construcción de ciudadanos educados, es decir, autónomos y plenos, como los requieren las democracias, a diferencia de aquellos que viven con la mano tendida esperando el regalo del Estado o de los particulares.

Así que antes de hacer comparaciones que no vienen al caso, recordemos que en Chile las universidades privadas y las públicas tienen la misma tarifa de matrícula y que el aporte estatal para las públicas no supera el 20% de su presupuesto, mientras que en Colombia ese aporte es en promedio del 60%.

“Las ideas no se crean en masa. La multitud no ofrece una atmósfera propicia a los asuntos de pensamiento”, dijo también el filósofo Carlos Alberto Ospina. Por eso, espero que el Gobierno evite esos brotes de destrucción propiciando la mayor cantidad de canales de conversación posibles.

*Rector de la Universidad de Caldas

 

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