Por: Mario Méndez

Contra el odio, perdón

Los victimarios siempre deberán recibir una pena impuesta básicamente por el Estado, cualquiera que sea su estructura, cuyas formas de reparación van desde el servicio social hasta la pena de muerte, como resultado de un ordenamiento que se rige por el derecho, uno de los grandes logros de la humanidad para ponerle orden al comportamiento humano.

Otra cosa es la actitud anímica del “ofendido” directo o por afinidad, que también responde de manera muy variada ante el agresor. Como legado de figuras históricas, casos hay que conmueven hondamente, como el de Mohandas Karamchand Gandhi, quien al expirar le dijo “Dios te bendiga” a su agresor, Nathuram Vinayak Godse. ¿Habrá una situación más grave que la pérdida de la vida a manos de un homicida y un acto más noble como respuesta? Pocos ejemplos como este habrá en la historia, y el del Mahatma, libertador de su país, es todo un paradigma de “alma grande”, que eso significa el título con que se le designa, coherente con la existencia de este hombre excepcional.

Si trasladáramos ese modelo de conducta a un plano geográfico mayor, mucho habría ganado el mundo en términos de depuración de las conciencias, de limpieza de los procederes en sociedad. Porque, al contrario, en las expresiones mentales que muestran las conductas de algunos que pretenden liderazgos políticos —persistencia del odio, deseo de venganza y descrédito burdo—, vemos mal que se institucionalicen formas bajas de construcción de sociedad, si es que ahí se puede hablar de construcción.

Hay más ejemplos positivos e inspiradores en los cuales han participado verdaderos estandartes de la convivencia, como el jesuita Francisco de Roux y el claretiano Darío Echeverry como mediadores. A este propósito, cabe mencionar a Bertha Lucía Fríes, víctima directa de los hechos del club El Nogal en 2003, que trabaja hoy por la reconciliación, con un equilibrado talante que ha puesto a prueba en muchas oportunidades. Eso también conmueve.

En ese orden de ideas, el pueblo de Bojayá (Chocó) que sufrió gravemente un episodio del conflicto en 2002, ha mostrado reiteradamente su inmensa disposición al perdón, y en esa tónica se encontró cara a cara con miembros de las Farc con quienes exteriorizaron su voluntad de superar las secuelas morales de aquel lamentable hecho. En el encuentro con las Farc, la ciudadanía de Bojayá tendió el ramo de olivo por medio de las voces de sus cantaoras, en el escenario mismo de la tragedia, el templo del lugar. Esa manifestación de arte-perdón de los bojayaceños resulta coherente con su conducta electoral en el plebiscito por los Acuerdos de La Habana: el 96 % de la población votó por el Sí. Igualmente, estos nobles hechos conmueven.

Tris más. La gente incapaz de perdonar y que atiza sentimientos de revancha también conmueve, aunque de otro modo, pero además produce pesar y envilece al género humano.

* Sociólogo Universidad Nacional.

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