Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

Contra viento y bloqueo

Los payaneses no se dejan arredrar y, por el contrario, se crecen ante las vicisitudes. Así lo hicieron con el terremoto de hace 36 años, cuando la ciudad se desplomó despiadadamente y en muchas edificaciones no quedó piedra sobre piedra.

Fue la fatídica mañana del Jueves Santo a eso de las ocho pasadas —como dicen los patojos—, y ello no fue óbice para que esa noche saliera la procesión de una Semana Mayor que jamás olvidarán los habitantes del Valle de Pubenza.

Y este año no será la excepción. Los payaneses continuarán con esta tradición religiosa, que ya cumple 462 años de celebraciones ininterrumpidas, contrariando la apuesta del poder indigenista —desafortunadamente hoy infiltrado y manipulado por los enemigos de la paz que tanto dicen defender—, que tiene hoy sitiada a la Ciudad Blanca, instando a la suspensión de tan magno evento, una de las más reconocidas manifestaciones culturales del cristianismo universal.

Se solucione o no el mezquino y miserable taponamiento de la vía, con hambre, con sed y hasta sin un centavo en los bolsillos, la ciudadanía semanasantera le demostrará al mundo entero que no se rendirá, como no lo hizo nunca desde la gesta libertadora, cuando fueron fusilados quienes reclamaban la libertad, hoy extraviada en las curvas de una carretera inmolada.

Probablemente no llegarán las hordas de visitantes a la mal llamada “parranda santa”, ni los turistas religiosos provenientes de los más recónditos lugares del orbe, siempre estupefactos ante la solemnidad de las procesiones. Es posible que se queden muchas camas vacías en los hoteles y hostales y que quienes hacían su agosto en abril tengan que esperar un año más. Y no sería raro que las calles del casco antiguo no sean recorridas por los miles de caminantes para dar “la vuelta del maní”.

Pero con toda seguridad, los popayanejos locales y los que logren llegar a cumplir la cita con sus ancestros estarán presentes en las procesiones como cargueros, alumbrantes o simples espectadores de estos solemnes desfiles con sus estrictos rituales, sus engalanadas imágenes y sus cánticos estremecedores, para demostrar, como nunca antes, que el fervor y el respeto por estas tradiciones patrimonio de la humanidad estarán por encima de las circunstancias terrenales incapaces de amedrentar a los espíritus valientes.

847345

2019-03-29T00:00:53-05:00

column

2019-03-29T00:15:01-05:00

[email protected]

none

Contra viento y bloqueo

24

2442

2466

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mario Fernando Prado

Popayán: cero y van tres

Las barbas en remojo

Hace falta fuerza pública

Los uribistas vergonzantes

Una alternativa para Popayán