Por: Patricia Lara Salive

Contra viento y marea

LA APROBACIÓN EN PENÚLTIMO DEbate que hizo del referendo reeleccionista la aplanadora uribista, indica que él es imparable, no obstante que ha pasado de todo:

primero fueron las irregularidades en la presentación de las cuentas por parte de su comité promotor, encabezado por el ex presidente del Partido de la U, Luis Guillermo Giraldo, lo que suscitó que ahora tenga que declarar ante la Fiscalía porque, según palabras del Fiscal, hay motivos para inferir su responsabilidad en el delito de fraude procesal, que ocurre cuando “mediante maniobra se induce a la autoridad a proferir un acto administrativo fundado en irregularidades”.

 Después fue la revelación de David Murcia en el sentido de que él dio cinco mil millones de pesos para financiar la consecución de firmas en favor del referendo, por lo cual fue citado al Congreso a declarar bajo juramento.

Más tarde fue la afirmación del vicepresidente del Partido Conservador, senador Alirio Villamizar, sobre que “el referendo colapsó y tiene unas situaciones muy difíciles que le impiden seguir dando tránsito”.

Luego fue la rápida movida de los congresistas del uribismo, quienes, encabezados por el senador Jorge Visbal, presentaron un proyecto de acto legislativo que olímpicamente plantea que “nadie puede ejercer la Presidencia por más de tres períodos consecutivos”. (Eso mientras dentro de un tiempo vuelven a reformar el articulito para que la prohibición, en lugar de que rija a partir del tercer período, rija a partir del cuarto, de modo que Uribe termine de ejecutar su plan de gobierno que, como bien sabemos, está proyectado hasta 2019).

 Y, finalmente, fue el pupitrazo que antes de anoche el uribismo le dio al referendo, al cual sólo le falta un debate y, seguro, contra viento y marea, se aprobará definitivamente y pasará a la Corte Constitucional, donde la mayoría de los magistrados, puestos ahí por el Presidente, dirán que todo está perfecto.

 Y mientras lo anterior ha ocurrido, el Presidente ha guardado un inelegante silencio, como si él habitara en Marte, como si el tema no lo tocara, como si a quien fueran a reelegir no fuera a él, o como si también todo, en este caso, se hiciera, como antaño, a sus espaldas… ¡Qué pesar que ya el Pre se parezca a uno de esos lagartos que ponen a sus amigos a que convenzan a los dueños de casa de que lo conviden a la fiesta, pero sin que ellos se den cuenta de que él fue el que les pidió que los persuadiera!

Sin embargo, a pesar de su anhelo enceguecido de permanecer en la Presidencia (no obstante que ha repetido que considera inconveniente la perpetuación de un individuo en el poder, salvo la suya, claro está), hay algo de lo que Uribe debe ser consciente: él tiene que haberse convencido de que ya no se le cumplió su sueño de verse aclamado por el país entero y de que Colombia, al unísono, se hinque a sus pies para pedirle que continúe en la Presidencia y la salve del desastre. Ya el Presidente probablemente intuya que, en cambio, lo que ahora puede sucederle es que cada vez más colombianos, empezando por amigos cercanos suyos, como Fabio Echeverri, Rudolf Hommes, Luis Carlos Villegas, monseñor Rubiano, Juanes o Lina, se le arrodillen para implorarle que no siga en el poder porque, en ese caso, nadie distinto de él sería el causante de que a nuestra democracia entonces sí le sobrevenga la hecatombe.

 

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