Por: Columnistas elespectador.com

Control urbano

A tres días de ser presentado el Plan de Desarrollo de la administración de Gustavo Petro ante el Concejo de Bogotá, es hora de evaluar su idea de participación ciudadana y de cuán efectiva pudo ser para la planeación urbana.

En su discurso de posesión el alcalde Gustavo Petro propuso entre otras tantas cosas que: “Bogotá Humana Ya implica otorgarle la capacidad de decisión a la totalidad de la ciudadanía Bogotana. Queremos millones de ciudadanos participando plenamente en las decisiones fundamentales del Distrito”. “En estos primeros tres meses, desde hoy, se convoca a cabildos abiertos ciudadanos para decidir sobre el plan de desarrollo, el presupuesto y el Plan de Ordenamiento Territorial”.

Hoy, a dos meses de posesionado el Alcalde, los cabildos abiertos no aparecen por ningún lado; la Secretaria de Planeación Distrital anunció ya los puntos básicos del plan de desarrollo que está considerando la administración y dijo que: “El Programa de Gobierno no será negociable porque fue el programa elegido y debe convertirse en el plan de Desarrollo. Vamos a recoger las propuestas de la ciudadanía que podrá opinar acerca de los programas y presupuestos globales”. Como verán no está clara la real participación ciudadana, ya que al parecer el gabinete se reunió la semana anterior y tomó decisiones sobre el futuro de la ciudad. Los que creímos que el momento de tener una participación real en el diseño de las políticas que marcarán el rumbo de la ciudad había llgado, nos quedaremos viendo un chispero.

Sin embargo pongo en consideración uno de los mecanismos fundamentales de que adolece Bogotá y todas las ciudades colombianas. El control urbano: es un mecanismo definitivo para dar un paso adelante en lo que al respeto urbano se refiere y que repercute definitivamente en la calidad de vida de los habitantes, en la sostenibilidad de los entornos residenciales, comerciales e industriales y en la competitividad de la ciudad.

Una ciudad seria y madura no permite que se establezcan usos no permitidos en sectores residenciales. No es común encontrar tabernas, tiendas, bares, mercados, ferreterías etc. al lado de viviendas. La verdad es que en Colombia no quedan barrios residenciales, todos, sin lugar a dudas, todos los barrios del país han sido invadidos de alguna manera por usos no permitidos. De igual manera ocurre con las obras que se ejecutan sin licencia de construcción o que no cumplen lo aprobado en los planos, generando desequilibrios urbanos, cambios de uso y, en muchos casos, el desplazamiento de residentes que se ven afectados negativamente por estas obras.

La querella, el derecho de petición, la acción de cumplimiento, la acción de grupo o la tutela han sido las herramientas que el estado le dio al ciudadano para que se defienda contra éstos males urbanos, entre otros muchos que sufrimos, pero realmente son mecanismos desgastados a los no deberíamos acudir si hubiera interés en el control urbano por parte de las administraciones locales. Alcalde Petro, si su objetivo es un Bogotá Humana, cree una Oficina de Control Urbano. Asesórese de la Sociedad de Mejoras y Ornato o de la Sociedad Arquitectos y de respuesta inmediata a las múltiples irregularidades que a diario se cometen.

*Enrique Silva Gil

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnistas elespectador.com

El bestiario de la ficción

“Martín Sombra”, libre