Controlar redes sociales no es la solución

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Proyectos de ley en la región amenazan la libertad de expresión en línea.

Internet es un medio de muchos a muchos, mientras que los anteriores (radio, televisión, prensa) eran de pocos a muchos. Por eso hoy cualquiera puede decir lo que quiera e informarse a través de medios no convencionales. Este efecto crece a medida que aumenta el acceso a internet.

Sin embargo, también crecen los efectos negativos de esa ecuación. De repente hay más gente hablando mal de otra, se distribuyen y amplían los efectos de contenido discriminatorio, se usa la red para cometer crímenes… Estos tampoco son retos menores. ¿Cuál será nuestra respuesta como sociedad?

Cuando nos concentramos tan solo en casos que tienen efectos negativos es fácil olvidarnos de lo que significa para la humanidad construir derechos. Por ejemplo, durante siglos se construyó la base legal para la libertad de expresión. Por eso, defender el derecho de las minorías a hablar sin temores, construir en los niños y jóvenes mentes críticas, que todos podamos informarnos y conocer fuentes diversas no es algo natural a la humanidad. Es un derecho ganado que debemos defender.

Recientemente, legisladores vinculados al socialismo del siglo XXI, a la derecha colombiana y a los movimientos cristianos parecen coincidir en que la solución para estas problemáticas es meter a internet en una horma ortopédica para controlar contenidos. Así, aseguran que el poder de turno sea el que defina lo que circula. El expresidente de Ecuador Rafael Correa, saliendo del cargo, presentó un proyecto de ley para controlar las redes sociales y así evitar desde la difamación hasta la estafa. En Colombia, el Centro Democrático hizo lo propio. Buscan prohibir perfiles anónimos en redes sociales para defender el buen nombre. Finalmente, esta semana el Mira evitará la “Ballena Azul” obligando a que los menores solo publiquen fotos en redes sociales con autorización parental.

Fuera de internet, existen hace mucho la ouija y la ruleta rusa. También se difama y se estafa. Mientras algunos usan el anonimato para ofender, para otros es la garantía para ser quienes son o decir lo que piensan. Necesitamos mecanismos para mitigar efectos negativos de internet, pero hacerlo a costa de la libertad de expresión es, como mínimo, retrógrado y autoritario.

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