Por: Columnista invitado

Convencer a los indecisos

Por Frédéric Massé*

Según las últimas encuestas, alrededor del 30% de los colombianos siguen dudando de si van a ir a votar el día del plebiscito, y en caso de que lo hagan, si van a votar por el sí o por el no. Esta indiferencia o apatía por parte de un sector no insignificante de la población colombiana vis a vis de los acuerdos de paz y del plebiscito es algo que preocupa a los líderes políticos y partidarios de sí.  

De hecho, si bien hubo muchas reacciones de felicidad en las redes sociales, el poco entusiasmo popular en las calles de la capital y del país contrasta con similares acontecimientos históricos ocurridos en otros países. Es como si parte de los colombianos y colombianas estuvieran indiferentes o anestesiados.

Ahora bien, dentro de los partidarios del sí, algunos no entienden porque todavía existen colombianos que puedan seguir teniendo algunas dudas o inconvenientes con respecto al contenido de los acuerdos. Esta inquietud es entendible si uno tiene la responsabilidad política de promover el sí al plebiscito, pero no la comparto desde un punto de vista intelectual.

Una cosa es convencer a los indecisos argumentando que no pueden quedarse quietos porque este plebiscito es un momento histórico que condiciona parte del futuro del país y que votar es un acto no solamente político sino ético. Otra cosa, muy diferente, es no aceptar que uno pueda todavía no saber si esté dispuesto a tragarse algunos sapos, insinuando que sus dudas e inquietudes son ilegitimas. No creo que sea así la mejor manera de promover el sí al plebiscito. 

La mejor defensa no es negando o ignorando la razón por la cual algunos de los aspectos de los acuerdos de paz puedan causar dudas o malestar. Más convincente es tratar de explicar sin distorsiones ni explicaciones simplistas reduccionistas por qué, a pesar de que puedan tener ciertos puntos débiles, estos acuerdos traen más ventajas y beneficios que defectos. De nada sirve tratar de culpabilizar a los indecisos. Reconocer que algunas dudas y críticas hacia los acuerdos de paz pueden tener cierta validez, no significa que uno esté a favor del no, y aún menos en contra de la paz.

Existe cierta arrogancia al pensar que los indecisos no entienden la importancia del momento, que mejor no lean las 297 páginas de los acuerdos porque son muy complicados, y que esto de que hay que tragar sapos es puro cuento. Además, este tipo de actitud y argumentos nunca dio buenos resultados. Recordemos, por ejemplo, que en las últimas décadas, la izquierda francesa y europea perdió buena parte de su electorado popular en detrimento de la derecha extrema y populista, precisamente por haber negado durante mucho tiempo cierta  realidad, y sobre todo, ignorar – o peor – desconsiderar los temores y miedos de las clases populares que constituían sus bases. Sin hablar de la campaña en pro o contra del Brexit.

De allí que poco sirve ignorar o despreciar las dudas y argumentos de los que todavía no saben si votar por el Sí o por el No. Para que la gente vaya a votar por el sí o por el n o, tienen primero que ir a votar. Apostemos a la inteligencia de los colombianos. No a la politización ni a la estigmatización, de cualquier lado que venga.

*Director del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales (CIPE) de la Universidad Externado de Colombia.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado

Refugio: una lotería para pocos en Colombia

Turismo sostenible, alternativa para el Amazonas

El antropoceno en Colombia