Por: José Fernando Isaza

Conveniencia del pensamiento disidente

UNO DE LOS MITOS URBANOS QUE circulaba, hace años, entre los estudiantes de bachillerato era que los libros del novelista y planfletario Vargas Vila estaban, no sólo censurados, sino incluidos en el Índice de libros prohibidos. Este interesante catálogo fue suprimido por el Concilio Vaticano.

Es de suponer que nuestros padres y abuelos buscaban en el Índice qué libros de buena literatura o ensayo leer. Como mecanismo de mercadeo, el estar incluido debió ser de gran eficacia. Buena parte de la gran novela francesa, Zolá, Stendhal, Víctor Hugo, está allí incluida. Por supuesto también los ensayos de Renán y Voltaire. Había cierta predilección por censurar las enciclopedias francesas, en relación con las inglesas. La enciclopedia de Diderot y el Larousse-Grand dictionnaire Universel du XIX siecle sufren de la censura, pero no así la Enciclopedia Británica.

Dos grandes herejes, precursores de la ciencia, y de la filosofía contemporánea, Spinoza y Giordano Bruno, tienen sus obras prohibidas. En el Índice de 1948 los escritos de Galileo ya habían sido retirados. Una obra sobre Newton, La Newtonisien pour les dames, sí está prohibida. Parece que a los censores no les agradaba que se escribieran libros de ciencia para las mujeres. El libro de Jerome La Lande Astronomía para damas, escrito en 1786, también lo incluyeron en el Índice. Una razón políticamente correcta para censurarlo era rechazar que hay diferencias de género en la educación científica; la verdadera razón parece ser que estos libros alejaban a las mujeres del hogar y la plegaria.

Sorprende que el libro de regalo en las primeras comuniones La Imitación de Cristo, de Kempis, estuviera censurado. Nuestros ancestros y sus amigos pueden descansar en paz, el libro era el más regalado pero el menos leído.

Es un poco extraño que no se censuren las obras del fascismo, nazismo, ni el marxismo, caso contrario a los libros sobre historia de Italia y la masonería. En 1948 ésta no representaba un peligro para la Iglesia, como sí el comunismo.

Las sociedades que tienen mayor número de obras prohibidas coinciden con las más avanzadas política y científicamente.

Un caso bien representativo es Holanda, país que acogió los judíos y los musulmanes expulsados de España por los Reyes Católicos. En el siglo XVI, este país, con gran parte de su área bajo el nivel del mar y con una población de sólo dos millones de habitantes, menos que los de las grandes ciudades del continente, construyó un imperio naval, comercial, científico, artístico y filosófico. La hidráulica, la óptica, la arquitectura eran la envidia de sus visitantes. Allí llegaron los padres de Baruch Spinoza, quien crea el concepto de Dios en el mundo moderno. La libertad para especular en el sentido de teorizar e investigar hizo de Holanda uno de los países de mayor aporte a la ciencia.

Sólo se encuentra un colombiano en el Índice, Rafael Uribe Uribe, por su ensayo “De cómo el liberalismo político colombiano no es pecado”.

Si queremos tener un lugar en la ciencia y en el pensamiento contemporáneo nos hace falta más pensamiento crítico, menos unanimismo, mayor estímulo a la discusión, mayor respeto por las opiniones no oficiales. Estos valores parecen no encajar en tiempos de Estado de Opinión con prelación a los Estados de Derecho

Referencia: Index Librorum Prohibitorum SS. MI. D.N. P.P XII – MCMXLVIII

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

 

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