Por: Saúl Pineda Hoyos

Convergencia regional e instituciones

El país estaba en mora de retomar el debate en torno al papel de sus territorios en la estrategia de crecimiento con equidad.

La magnitud de las disparidades existentes entre los departamentos colombianos así lo evidencia: mientras que 11 de ellos concentran el 80% del ingreso nacional, los otros 21 sólo generan el 20% restante de ese ingreso. Y así lo confirmó el reciente foro “Colombia Regional”, convocado por la Secretaría de Región Capital y la Oficina de Naciones Unidas para el Desarrollo Regional, en el que se dieron cita diversas miradas sobre el proceso de regionalización en nuestro país. Algunos actores abogaron por el modelo de las autonomías; hubo quienes apostaron por el “activismo regional”, sin esperar mucho de los marcos nacionales; y, de nuevo, afloraron las posiciones del Gobierno Nacional, con mayor inclinación hacia la supervisión y conducción centralizada de las iniciativas regionales.


En medio de este panorama, debo destacar la propuesta planteada por el DNP para cambiar el esquema tradicional de asistencia técnica a las regiones por un criterio de intervención sustentado en la construcción de capacidades locales. El proyecto propuesto a consideración del Congreso sugiere una cifra de 2,5 billones de pesos para el fortalecimiento institucional de los entes territoriales. El riesgo, sin embargo, es que estos recursos resulten dilapidados frente a la alta rotación de los funcionarios públicos en la mayoría de  municipios y departamentos del país, una preocupación que también está presente en los funcionarios del alto gobierno.


Por esta razón, las Comisiones Regionales de Competitividad, hoy existentes en los 32 departamentos del país, tendrían que ser concebidas como potentes escenarios de la cooperación público-privada para el fortalecimiento de capacidades regionales. En consecuencia, parte importante de los esfuerzos contemplados deberían ser orientados a estas comisiones y sus iniciativas tendrían que ser un referente obligado para la orientación de los recursos de regalías. Nadie puede reemplazar las instituciones regionales en la forma como mejor quieran organizar sus dinámicas territoriales. Pero en una adecuada concurrencia del Gobierno central, podría estar la clave para pasar de capacidades individuales transitorias a capacidades institucionales permanentes.

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