Por: Luis E. Giusti L.

¿Convulsión en el Medio Oriente y el futuro del petróleo?

Las reservas probadas son de 1,3 billones métricos de barriles que durarían 42 años.

Durante pasadas escaladas de los precios petroleros surgieron discusiones acerca de escasez de reservas y pico de producción, a las cuales se sumaron presiones por el calentamiento global y preocupaciones por la estabilidad política en el Medio Oriente. La convergencia de las creencias de que el petróleo está escaseando, que los controles sobre las emisiones reducirán drásticamente el consumo de combustibles fósiles y que las presiones geopolíticas restringirán la producción petrolera, conduce erróneamente a la conclusión de que debemos reducir con urgencia el consumo de combustibles fósiles en favor de fuentes alternas de energía.

En esta nueva escalada de precios, con el crudo Brent superando US$120/barril debido a una combinación de alta demanda y temores de posibles interrupciones mayores de suministro debidas a disturbios políticos en el Medio Oriente, han resurgido las mencionadas discusiones. La noción de que el mundo se está quedando sin combustibles fósiles no es más que un mito, como tampoco es cierto un inminente pico petrolero. Por otra parte, las presiones sobre el asunto de emisiones de carbono, al menos durante el siglo XXI, serán más bien moderadas y tendrán modesta influencia en el consumo de carbón y gas natural. En otras palabras, los combustibles fósiles continuarán dominando la escena por muchas décadas más.

A fin de discutir en un marco de realismo, conviene apuntar algunos números. Las reservas de carbón alcanzan a 37,8 billones métricos (BM) de barriles de petróleo equivalente (BPE), nominalmente correspondientes a 1.000 años de producción, mientras que el consumo estimado durante los próximos 100 años es de 4,2 BM de BPE, o sea un 11% de las reservas. La situación del gas natural no es diferente; a las reservas probadas de gas convencional de 5.600 billones métricos (BM) de pies cúbicos, han venido a sumarse las inmensas acumulaciones gasíferas en lutitas, para aumentar esa cifra hasta al menos 22.000 BM de pies cúbicos, lo cual al actual nivel de consumo representa 244 años de producción.

En cuanto al petróleo, las reservas probadas son de 1,3 BM de barriles, las cuales nominalmente durarían 42 años a los actuales niveles de consumo. Al sumar 2,5 BM de barriles de reservas semiprobadas, ese tiempo se extendería a 122 años. Aunque esos cálculos no son rigurosos, son indicativos de la abundancia mundial de petróleo.

En lo referente al Medio Oriente, hay que subrayar la significación del petróleo de esa región en la ecuación energética global. Aunque el carbón barato motorizó la revolución industrial, propiciando ferrocarriles, barcos a vapor e infinidad de plantas industriales, el petróleo barato ha hecho posible el automóvil, la industria de la aviación, la agricultura mecanizada, la expansión urbana y en definitiva la explosión de la globalización económica. Es cierto que un grupo de países como Estados Unidos, México, Venezuela y Rumania jugaron un papel importante en el lanzamiento de la era del petróleo, pero ha sido el Medio Oriente el que ha saciado las necesidades petroleras del mundo moderno. Los productores de allí poseen 2/3 del total de las reservas del mundo y producen 37% del petróleo global, cifra que aumentará a 43% para 2035. Hasta ahora las recientes interrupciones de producción derivadas de los disturbios han sido cubiertas por otros productores, en especial Arabia Saudita.

En general ya es tradicional que cualequier proyección global suponen que la monarquía producirá lo necesario para abastecer la creciente demanda, o sea que siempre pondrá lo que falte, pero los sauditas no han expresado intenciones claras de aumentar mucho más allá de 10 millones de B/D.

El mundo dispone de petróleo para muchas décadas más, al igual que de carbón y gas natural. Sin embargo, si lo que está ocurriendo en el Medio Oriente llegara a convertirse en un aluvión indetenible que alterara significativamente la producción petrolera, ninguna otra región del mundo podría compensar adecuadamente la reducción. No cabe duda de que una evolución como esa dispararía una inmensa escalada de los precios petroleros por un largo tiempo y podría alterar en forma definitiva el futuro consumo creciente de petróleo. Aunque parece improbable, de ser así cobraría vigencia la teoría de economistas como Adelman, Simon y Di Gregori y del profesor Vaclav Smil, de que “la cantidad de un mineral presente en la corteza terrestre es irrelevante, porque el mundo dejará de consumirlo mucho antes de que se agote, debido a la sustitución por opciones alternas”.

 [email protected]

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis E. Giusti L.

México: futuro petrolero

Los ciclos del poder del crudo y el gas natural

Irán, en busca de suspensión de sanciones

Lucha política por un oleoducto

La crisis del carbono