Por: Gonzalo Hernández

Coordinación Carrasquilla-Echavarría

Luego de las tensiones entre Carrasquilla y Echavarría por las cifras de crecimiento de la economía colombiana, los medios ya hablan de que el Gobierno y el Banco de la República pasaron la página.

Si esto es cierto, el gerente Echavarría acató entonces el regaño del ministro de Hacienda, regresó al libreto en el que nadie es responsable por la inefectividad de la política económica frente al crecimiento y el desempleo, y nos anticipa que la economía mundial será el chivo expiatorio si el año no termina bien para la economía colombiana. Mientras la causa sea externa, poco importa la causa.  

No sabe uno qué es más lamentable: tener que escuchar esas excusas ante el fracaso económico o tener que soportar declaraciones triunfalistas sobre la economía naranja o sobre las reducciones de impuestos –para algunos– como explicaciones flojas de un eventual repunte. 

Nunca pondría en duda la influencia del entorno internacional, en especial en una economía relativamente pequeña, poco diversificada, dependiente de los precios del petróleo y con una política económica conservadora. Sin embargo, así como es un error culpar a las lluvias de la destrucción de las casas pobres en las laderas, no culparía todo el tiempo al contexto internacional cuando la estructura económica del país no responde.

Es importante seguir insistiendo en la necesidad de un nuevo modelo de política macroeconómica que nos deje menos expuestos a los vaivenes internacionales y que nos dé mayor margen de control doméstico para atender los que deberían ser nuestros retos principales: desempleo, pobreza y desigualdad.

La revisión de la política actual debe pasar por una revisión de la inflación objetivo del banco central, que tiene un sesgo hacia la apreciación del peso colombiano que no parece efectiva para estimular la diversificación y el despegue económico. La política monetaria de nuestro banco central parece ser muy buena para la estabilidad económica, pero no para el crecimiento.

Y aunque la estabilidad es deseable, no es una condición suficiente de bienestar. Basta preguntarles a aquellos que han estado establemente desempleados y subempleados o con oportunidades establemente mediocres de movilidad social hacia mejores condiciones. No tenemos un modelo de política macroeconómica que evite que la pobreza pase de padres a hijos sin mayores obstáculos.

Estas ideas no agotan, por supuesto, un debate que es complejo y profundo y que debe ser llevado a nivel ciudadano, con más claridad, por la misma autoridad monetaria –el Banco de la República–. Es lamentable, en ese sentido, que el debate interesante que se abría con la tensión entre el gerente y el ministro se haya silenciado.

Es una lástima que se agite la bandera de la independencia del banco central cuando se cuestiona la falta de coordinación entre las políticas monetaria y fiscal en búsqueda de más crecimiento, mientras la independencia es fácilmente convertida en un asunto menor cuando lo que importa es la coordinación política entre el ministro y el gerente.      

Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/)

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