¿Coronará el autoritarismo?

Noticias destacadas de Opinión

Como toda gran crisis, la pandemia del coronavirus generará cambios de fondo en la política. Más en esta época de profundas transformaciones en casi todos los aspectos de la vida humana, en que se desconoce la dirección de esos cambios.

Falta mucho por suceder y puede haber efectos inesperados, como inesperado ha sido casi todo con esta pandemia, pero ya se ven algunos efectos y la dirección en que van. Uno es que no le ha convenido a la tendencia que venía predominando en la política mundial, el populismo de derecha. Populistas como Trump, Johnson, Bolsonaro, aparentemente tan conectados con las corrientes de opinión subterráneas de sus sociedades, se han visto torpes para entender y anticipar, las claves de la política. Pero, sobre todo, se han visto insensibles e irresponsables. De tanto traficar con el miedo como herramienta política, lo dejaron pasar cuando no fue inducido sino real. Les está pasando lo del pastorcito mentiroso, solo que de tanto gritar “lobo” no le temieron cuando lo tuvieron al frente.

Otro efecto es que constituye un peldaño más de la escalera que parece conducirnos hacia el totalitarismo futurista del Gran Hermano. Se suma al fin de la privacidad que está produciendo la tecnología de la información y la comunicación, para crecer el poder del Estado en la vida de los ciudadanos. Como en las guerras, el sentido de preservación que genera la pandemia empuja a que los ciudadanos cedan parte de sus derechos en favor del Estado para que los proteja, ya no de otros seres humanos sino de seres microscópicos. El ascenso de los valores de conservación, por oposición a los del cambio, privilegia el bien público de la seguridad que favorece a los actores políticos conservadores.

Un tercer efecto es el impulso al modelo chino. Mientras que las democracias occidentales se están viendo perplejas e ineficientes para enfrentar la pandemia, China parece estar demostrando una capacidad de disciplina social, acción estatal y fortaleza económica superior para encarar los nuevos retos de la modernidad. Muchos vienen concluyendo desde hace años que la democracia ya no es el mejor sistema político para atajar el comunismo, ni para impulsar el capitalismo. Los sectores conservadores radicales envidian el sistema chino de capitalismo autoritario, en que el totalitarismo no solo respeta el capitalismo sino que reduce muchas de las limitaciones que le imponen en las democracias.

Un cuarto efecto es el de profundización de la tendencia hacia el nacionalismo y el debilitamiento de la globalización. Para los sectores más conservadores, esta no solo trae pérdida de empresas y empleos, y una inmigración que desnaturaliza las esencias nacionales, sino que ahora transporta enfermedad y muerte.

Estos factores, entre otros, confluyen en la tendencia de debilitamiento de la democracia que viene produciéndose especialmente en Occidente. En épocas de crisis el respeto de derechos ciudadanos les parece exagerado a muchos, sinónimo de anarquía y debilidad nacional. La crisis fortalece a las instituciones públicas, que son las capaces de resolver los problemas por encima del sector privado y las falsas promesas populistas, pero quizás termine tumbando gobiernos democráticos y fortaleciendo regímenes autocráticos.

Comparte en redes: