Por: Indalecio Dangond B.

Corregir el rumbo

En el sector público pasan cosas que lo dejan a uno totalmente desconcertado. Es increíble que después de 45 años se contrate un censo agropecuario por un valor de $350.000 millones para saber el estado de salud del campo colombiano y proporcionar información estadística veraz para la toma de decisiones, y el Departamento Nacional de Planeación, cuatro años después, no lo tenga en cuenta para trazar los lineamientos de política agraria en el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022.

Si el equipo de jovencitos que redactaron el articulado del PND se hubiesen tomado el tiempo de leer el informe del censo agropecuario, seguramente el capítulo del sector agrario y rural no se hubiese limitado a cuatro artículos. Ho hay derecho a que cometan estos descuidos.

Para ponerlos en contexto, en Colombia desde el año 1970 no se hacía un levantamiento estadístico del sector rural y por eso la mayoría de las políticas del sector agrario fracasaron, trayendo como consecuencia un estancamiento del sector. En el año 2014, el Estado contrató a unos 50.000 jóvenes para que fueran a 1.101 municipios del país, 773 resguardos indígenas y 56 parques nacionales, a recoger información estadística. Los resultados fueron sorprendentes.

De los 2,7 millones de productores censados por el DANE, el 89% dijo que no accedía a crédito, el 83% no recibe servicio de asistencia técnica, no posee maquinaria agrícola ni infraestructura para almacenamiento de sus productos, el 66% no cuenta con sistemas de riego, el 54% no tiene formalizados sus títulos de propiedad rural, el 43% no cuenta con educación básica primaria y el 73% no vive en sus fincas.

En términos médicos, encontraron a un paciente en sala de urgencias, en manos de médicos practicantes, esperando ser atendido por médicos especialistas para que le practicaran varias cirugías que le permitieran reestablecer su salud. Pues, con los indicadores que publicó el DANE este mes, parece ser que los médicos nunca llegaron y la formula con la medicina se perdió.

Afortunadamente, todavía estamos a tiempo de corregir el rumbo o recuperar la salud del paciente. Se trata de corregir en el PND la orientación de la política agropecuaria, teniendo como objetivo principal la inversión en ciencia, tecnología e innovación. Sin esta combinación, no podremos ser productivos, rentables ni competitivos.

Una alianza entre Agrosavia y SENA Rural, en cada departamento, facilitaría rápidamente el acceso a biotecnología moderna y capacitación en buenas prácticas agrícolas a los 2,2 millones de productores del campo que dijeron en el censo agropecuario no haber recibido nunca estos servicios del Estado.

También ayudaría mucho la inclusión en el PND de un programa satelital de zonificación agrícola, pecuaria y forestal por departamento y una reforma al sistema de crédito agropecuario, direccionando el 50% de los recursos de inversión forzosa al sector productivo y el 50% restante a la cadena agroindustrial. Los créditos redescontados por Finagro deben orientarse a financiar (a largo plazo) las inversiones en riego, maquinaria, infraestructura de almacenamiento y transformación productiva. La modernización del Banco Agrario tampoco da más espera. Y no les dé miedo destinar una importante partida presupuestal para subsidiar el seguro de cosechas, tasas de interés y coberturas de precio.

* Experto en financiamiento agroindustrial.

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