Por: Cartas de los lectores

Corrupción

Con este título, en la noche del pasado lunes por el Canal Capital...

..., con la coordinación de León Valencia, director de la Corporación Arco Iris, presentaron el programa Controversia, con la participación de panelistas como Alfonso Valdivieso, exfiscal y senador de la República;  Héctor Riveros, exconcejal de Bogotá, entre otros, y ayer en El Tiempo leí un informe detallado de la Contraloría sobre la descarada práctica de la  contratación oficial en el país, que no es otra cosa que la forma como los políticos se roban los impuestos de los trabajadores colombianos, que entre otras cosas, somos los únicos que no los podemos evadir. Como víctima de ese execrable sistema, y conocedor de primera mano, pues por accidente fui jefe de compras de la Secretaría de Educación del Distrito, durante 15 meses en los años 1984/85, cuando regía el Decreto 222. Desde entonces la actividad solamente puede ejecutarse con proveedores u oferentes previamente registrados, en donde el dato principal es el padrino político.

Valdivieso, quien por experiencias vividas como ex, y conocedor del fatídico asunto, denunciaba que es la costumbre política de tiempo atrás (desde el Frente Nacional, aseguro yo), y Riveros, en defensa de su clase política, lo tergiversaba aduciendo que al generalizar se favorece a los contratistas corruptos.

Las denuncias de la Contraloría muestran cómo la mayoría de contratos se otorgan haciendo esguince a la Ley de Contratación, a pesar de que desde el Congreso la han modificado varias veces para perfeccionar sus coartadas. La corrupción nació como lo dijo Valdivieso, en el sistema político, ejecutada por la Rama Legislativa (hecha la ley, hecha la trampa), que fortaleció el régimen presidencialista (Rama Ejecutiva), y entre los dos cooptaron la Judicial, nombrando los entes de control para su beneficio.

Empero, si la corrupción es ejecutada por la clase política, los empresarios económicamente poderosos son sus patrocinadores; comenzaron comprando curules mediante la financiación de las campañas, sistema que rápidamente fue copiado por los traficantes, contrabandistas y todo tipo de mafias.

De otro lado (¿en dónde quedó la ética del periodista?), la Gran Prensa no investiga, no publica, no informa. Se limita a crear ídolos de barro, caudillismos por conveniencia u ordenados, que abusan del poder de las armas para favorecer el negocio de la guerra. ¿Las denuncias de la Contraloría son de ayer? 

Sin verdad no hay justicia, sin justicia no habrá paz. Dios nos libre.       

Leovigildo Micán Morales. 

Bogotá.

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