Por: Santiago Villa

La cortina de humo

La corrupción en las fuerzas armadas no se solucionará sin reformas estructurales que el Estado colombiano no parece dispuesto a enfrentar.

Una persona conocedora del tema de contratación en las fuerzas armadas me dijo durante una conversación reciente que podía haber corrupción en uno de cada tres de los contratos de defensa en Colombia. Creo que la cifra es conservadora para un país en el que las fuerzas armadas controlan el gasto militar y no hay escrutinio público sobre el mismo. 

Una vez se reconozca que la corrupción en la contratación de defensa no es una anomalía, sino una práctica que, como el narcotráfico, sigue su curso independientemente del capo de turno, veremos también la urgencia de hacer una reforma estructural. No es suficiente anunciar investigaciones. Es necesario trasladar a manos de un organismo civil, abierto al escrutinio público, la totalidad de los gastos en defensa (con quienes hablo del tema insisten en que hay algunos gastos que tendrían que mantener la reserva de la seguridad nacional).

Es tan ingenuo pensar que un remezón en las fuerzas militares y una implacable investigación por parte de la Fiscalía, la Contraloría y la Procuraduría, acabará con la corrupción en las fuerzas armadas, como lo sería pensar que el arresto del “Chapo” Guzmán es un duro golpe al comercio mundial de narcóticos. Es sólo un golpe a la estructura del "Chapo", a sus negocios personales, pero vendrán otros para reemplazarlo.

Cuando hay un sistema que genera delincuencia, no es suficiente capturar al delincuente para desactivar el problema, también hay que cambiar el sistema. Si bien pasar la contratación de las fuerzas armadas de manos militares a manos civiles es un golpe para los oficiales que se benefician de la corrupción (que seguro no son todos), esta reforma es el mejor favor que se le podría hacer a la institución en su conjunto.

Haría más eficientes las compras, aumentaría la calidad de los equipos, dispararía la capacidad de gasto de las fuerzas armadas, fortalecería su credibilidad y le daría una imagen de transparencia que hoy no tiene.

Las investigaciones en la Fiscalía deben seguir su curso y es natural que se den cambios en la cúpula de las fuerzas armadas luego de un escándalo de este tipo. Sin embargo, esto en nada les garantiza a los ciudadanos que las investigaciones tendrán efectos sobre la contratación actual o futura. Solo que, a lo sumo, se castigarán los delitos que ya se cometieron.

También se ha dicho mucho sobre la importancia de que la Contraloría revise los procesos de contratación “con lupa”, pero así lo haga “con microscopio”, la Contraloría tampoco puede impedir la corrupción futura. Además, esta institución ya ha tenido la oportunidad de revisar gastos reservados de las fuerzas armadas y esto no ha desactivado el problema de raíz.

El motivo por el que no se cambia el sistema es que quienes pueden cambiarlo, es decir los miembros de la clase política, tienen miedo. Los candidatos al Congreso oficialistas tienen miedo de hacer propuestas políticas que puedan incomodar al ejecutivo. Los candidatos de la oposición uribista no quieren incomodar a las fuerzas armadas. Los otros candidatos de oposición han centrado sus reclamos en pedir la cabeza del ministro Juan Carlos Pinzón, que por muy vergonzosa que resulte su permanencia, su salida no va a afectar el sistema de contratación en las fuerzas armadas. Él debe salir, sí, pero hay que ir mucho más allá.

Que salgan los generales pero no salga el ministro parece confirmar lo que yo interpreto son las quejas recientes del general Leonardo Barrero, ex comandante general de las fuerzas armadas: tras el escándalo de contratación en las fuerzas militares hubo una purga política en contra de los militares uribistas. El escándalo de corrupción fue una cortina de humo que cumplió un propósito político que no era atacar la corrupción. El propósito nunca ha sido atacar la corrupción.

Pero la gente no está engañada por la clase política, como lo demuestra el 41% de intención de voto en blanco para las elecciones presidenciales: la gente reconoce la mala calidad de sus líderes actuales.   

Twitter: @santiagovillach

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