Covid-19: ¿oportunidad para repensarnos?

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 El Coronavirus, silencioso y decidido arrodilla el mundo y, eventualmente empieza a emerger un nuevo orden mundial: fronteras cerradas, caída de la bolsa y del precio del petróleo, cierre de la sede de la OMC y de las Naciones Unidas en Ginebra, celebración de Semana Santa sin público en la Plaza de San Pedro, cuarentena, suspensión de clases, cierre de puntos turísticos.

Si bien los números de muertos y de afectados por el Coronavirus todavía distan de pandemias anteriores, el mundo está asustado y temeroso. De algún modo, se cierra y se protege del virus que no ha dejado de propagarse. En pleno siglo XXI, los avances biológicos, tecnológicos y científicos no han sido suficientes para detener el Ébola, la H1N1 y tampoco el COVID-19. Estos hechos han puesto en evidencia la vulnerabilidad de los sistemas de salud tanto de los países en desarrollo como de los desarrollados y la debilidad de sus políticas públicas. ¿Qué hay detrás de todo esto?

Según la OMS, actualmente, los países gastan más en salud, pero las personas siguen pagando demasiado. En los países de ingresos bajos y medianos, el gasto sanitario aumentó aproximadamente un 6% anual en comparación con un 4% en los países de ingresos altos.

Aunque la salud sea un derecho humano y que todos los países deberían asegurarla de forma eficiente y “costoeficaz”, con el fin de lograr una cobertura universal y cumplir con los Objetivos del Desarrollo Sostenible, esto no ha ocurrido. En 2015, Bill Gates en una Charla Ted advertía que las generaciones anteriores habían crecido con el temor de una Guerra Nuclear, pero que las nuevas amenazas serían las epidemias. Y hacía una pregunta obvia: ¿Próximas epidemias: “¿Estamos Listos?". Ya se estimaba que un nuevo virus letal que podría matar a 10 millones de personas en las próximas décadas, número de muertos superior a los muertos en una guerra convencional. Él propuso que en lugar de que siguieran invirtiendo en estrategias disuasivas, lo mejor era crear un Sistema Mundial General de Salud para detener epidemias. Su discurso sonó como palabras de un idealista, pero ahora ante la pandemia del coronavirus, COVID-19, parece ser que eran palabras de un líder adelantado en su tiempo y en su espacio.

Sin embargo, el mundo del siglo XXI sigue en su lógica de conflictos limitados permanentes, en una carrera armamentista sin tregua, en la que la OTAN más que defensa, sigue siendo una amenaza a la paz mundial.

Según el último Informe Anual del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, el gasto militar en 2018 fue de 1,8 billones de dólares. Como era de esperarse, llama la atención los rubros de Estados Unidos, China y Arabia Saudita. En el epicentro de la crisis del Coronavirus en Europa, Estados Unidos inició la operación “Defender Europa 20” que ocurrirá entre abril y julio, sobre todo en Alemania, Polonia y Países Bálticos. Estados Unidos envió 20.000 soldados, los cuales se sumarán a 17.000 más, provenientes de 18 países. Defender Europa es considerado el más representativo ejercicio militar de la OTAN, en los últimos 25 años.

En un primer momento, se podría pensar que este significativo contingente militar, amparado por un presupuesto millonario, sería utilizado para salvar vidas en Europa y para minimizar los efectos del Coronavirus, pero infortunadamente la amenaza desde la perspectiva de la Casa Blanca, Pentágono y de una Europa sometida y de sus aliados, sigue siendo una hipotética guerra.

Sin embargo, una guerra bacteriológica de difícil control ya ha empezado, con características de un conflicto mundial. Se necesita más que nunca actualizar las perspectiva y dimensión de las amenazas que desafían la capacidad de respuesta y supervivencia de gran parte de la humanidad o será que desde una lógica fríamente calculada, ¿ya se sabe que el Coronavirus y sus subsecuentes mutaciones podrán bajar el costo-tiempo de las guerras y atender a los oscuros intereses que han puesto la humanidad en vilo?

¡Ojalá no sea así! Qué la crisis sea una oportunidad para una tregua, la configuración de un espacio para la solidaridad y cooperación. Un tiempo para repensar el mundo.

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