Por: Salomón Kalmanovitz

Crecimiento enfermizo

El Gobierno saca pecho por el crecimiento de Colombia, uno de los más altos de la empobrecida América Latina. En efecto, Venezuela ha perdido más de la mitad de su riqueza, Argentina experimenta una contracción más leve, Chile está estancado desde hace cinco años y en ebullición, Brasil tampoco crece mayor cosa, Ecuador está asfixiado por su dolarización y México sufre de un lento crecimiento desde hace tres décadas. El resultado del crecimiento de Colombia para el primer semestre de 2019 es 3,1 %, que frente al resto se ve muy bien; pero mirando los datos con cuidado, se revelan fisuras en los cimientos sobre los que reposa.

El ministro de Hacienda modestamente afirma que el crecimiento se debe a su reforma tributaria, que redujo los impuestos de las empresas y ello despertó los espíritus animales de sus dueños, que decidieron invertir, a pesar de los problemas de demanda que experimentan sectores como la industria, la agricultura y la construcción, como también las exportaciones. Es cierto que las importaciones de bienes de capital aumentaron un 20 % en lo que va del 2019, gracias al incentivo de no pagar un IVA, que era del 19 %. Además se les trazó una ruta descendente del impuesto a la renta que deben pagar a futuro. Así que es una oportunidad para renovar las viejas máquinas, aunque las perspectivas futuras no sean las mejores. El señor Trump hizo lo propio hace dos años y la economía de Estados Unidos creció un 3 %, pero se trató de un estímulo parecido al de las bebidas energéticas repletas de cafeína y este año se espera un crecimiento raquítico de 1,8 %.

Es que las condiciones de demanda en Colombia no son propicias para hacer nuevas inversiones en planta y equipo para la industria o la agricultura, ni para el mercado exterior. En lo corrido de este año ambos sectores crecen a un pobre 1,7 %, la construcción se contrae 2,5 % (privada -7 %; por eso tanto desempleo, y la construcción pública crece supuestamente 11 %), minas y petróleo aumentan 3,1 %, el comercio aumenta 4,4 %, gracias al incremento de 9 % de bienes importados, mientras que las exportaciones crecen solo 3,4 %. En términos monetarios, el balance externo es negativo en $34 billones, equivalente a más del 6 % del PIB semestral que se le debe sustraer a la demanda, según los procedimientos aceptados de elaboración de las cuentas nacionales. Con un balance comercial tan negativo, sorprende que el DANE calcule un crecimiento de más del 3 % durante el semestre.

El sector líder es el financiero, que crece 5,5 %, pero se trata de intereses y primas que le abonan empresas e individuos, que no puede considerarse trabajo productivo. Es el sector más grande de la economía, con cerca del 20 % del PIB; casi el doble que la participación de la industria. Se trata de lo que algunos llaman la financiarización de la sociedad. Se trepa el endeudamiento público para sustituir los impuestos devueltos, los aportes pensionales se le entregan al sector financiero para que pague pensiones miserables, y el sector privado y los consumidores se endeudan con los bancos, que cobran intereses de 33 % por el uso de sus tarjetas de crédito.

Es, en fin, un crecimiento de los ingresos de los acreedores contra el de los deudores, del de los más ricos con una caída del de la clase media y los trabajadores, muchos de los cuales perdieron sus empleos recientemente. Es crecimiento deforme, destructor de puestos de trabajo.

888185

2019-10-28T00:00:23-05:00

column

2019-10-28T01:00:01-05:00

[email protected]

none

Crecimiento enfermizo

21

3532

3553

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Salomón Kalmanovitz

Las demandas sociales y la tributación

La frontera caliente

Señales mixtas

“El triunfo de la injusticia”

La vulneración de la democracia