Por: Armando Montenegro

Crecimiento esquivo

La economía colombiana va a crecer este año un 3% y, con algo de suerte, un par de décimas más. La buena noticia es que, con este resultado, Colombia sería el país que más crecería en América Latina. La mala es que esta tasa es insuficiente, menor a la que tuvo desde el año 2000, del 4% en promedio.

Lo que explica el bajo crecimiento reciente de Colombia es el escaso o nulo aumento de su productividad, es decir, su capacidad de producir más con los mismos factores de producción, algo que se consigue con tecnología, innovación, mayor competencia y eficiencia en los procesos productivos. Los grandes emprendimientos nacionales que en los años pasados prometieron incrementar la productividad, por distintas razones, no han dado los resultados esperados.

Con la firma del tratado de libre comercio con Estados Unidos, el debatido TLC, las autoridades proclamaron que gracias a la mayor competencia internacional se elevaría la productividad y, en consecuencia, se debía esperar un crecimiento adicional del PIB del 1% por año. Como era previsible, esto no sucedió y ni siquiera las exportaciones a Estados Unidos han tenido un comportamiento destacado (en realidad, Estados Unidos volvió permanentes los mismos aranceles vigentes desde los años 90).

Voceros del gobierno anterior anunciaron que, con la firma del acuerdo con las Farc, el crecimiento económico se iba a disparar. Este era el “bono de la paz”. En contra de la opinión de analistas independientes, con entusiasmo desbordado se predijeron mayores crecimientos del PIB hasta del 4% anual y sólo los funcionarios más sobrios y contenidos se limitaron a pronosticar aceleraciones del crecimiento del orden del 1% por año. Como también era previsible, ninguna de estas cifras, ni siquiera las menores, se hizo realidad. El crecimiento económico en los tres años posteriores al acuerdo ha sido menor que el de los tres años anteriores al mismo. Este resultado, por supuesto, no ha sido fruto de los eventos del orden público interno, sino de la caída de los precios de las materias primas y otros problemas de la economía mundial que inciden sobre la economía colombiana.

Otro ambicioso proyecto que, con sólidos argumentos, prometía una importante contribución a la mayor eficiencia del aparato productivo y al crecimiento del PIB fue el de construcción de las autopistas 4G que modernizaría, por fin, la precaria red vial del país. El efecto esperado de esas obras no se ha dado porque la mayoría de ellas todavía no se han culminado; muchas están atrasadas con problemas de financiamiento y unas cuantas ni siquiera han comenzado.

A pesar de estos resultados, no hay motivos para no buscar activamente una mayor competitividad internacional, mejorar la seguridad interna, atacar la criminalidad, impulsar y terminar nuestros grandes proyectos de infraestructura. Todo esto redundará en un mayor crecimiento, pero aun así no será suficiente.

En estas circunstancias, sin nuevos proyectos y planes ambiciosos para elevar la productividad y con una economía mundial desacelerada, será difícil que en los próximos años el crecimiento colombiano sea mejor que en 2019. El consuelo será, otra vez, que, con una cifra del orden del 3% anual, tendremos uno de los mejores resultados de América Latina. En esta región del planeta, el tuerto seguirá siendo el rey.

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2019-10-06T00:00:15-05:00

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