Crecimiento incierto

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Las cuentas nacionales de 2019 revelan grandes cambios en la estructura económica. Los sectores que tradicionalmente determinaron el crecimiento del producto, como la industria, la agricultura, la minería y la construcción, han pasado a segundo plano. Los cuatro sectores en conjunto contribuyeron apenas en 0,5 % al crecimiento del producto nacional. El crecimiento económico pasó a ser determinado por los servicios. Las actividades financieras, el comercio, el transporte, la administración pública y las actividades profesionales y científicas explican la mayor parte del producto nacional. La gran duda es si estos rubros cuentan con las encuestas y los deflectores de precios confiables de los sectores tradicionales. ¿El cambio estructural obedece a hechos tangibles y medibles o a la modificación metodológica de las cuentas nacionales?

La razón de la caída del crecimiento en los últimos cinco años la hemos presentado repetidamente. El déficit en cuenta corriente ocasionó una seria deficiencia estructural. En el último año subió 3,5 % del PIB a 4,5 %, y si se le agregan las importaciones de contrabando, bien puede acercarse a 6 %. En lugar de corregir el daño en su origen, se procedió a contrarrestarlo con un crecimiento del consumo por encima del producto, que descuadró la economía.

El aumento del consumo inducido por la ampliación del déficit fiscal proveniente de la baja de impuestos a las empresas y de partidas presupuestales no registradas incrementa el déficit en cuenta corriente y desplaza el empleo. Al mismo tiempo, ocasiona un alza en los precios de los servicios que trastornan los procedimientos contables rutinarios. No es fácil establecer qué parte del aumento de los ingresos de los servicios proviene de las cantidades físicas y de los precios. En suma, estamos en una economía en que el crecimiento avanza en forma lenta e incierta, el déficit en cuenta corriente aumenta y el empleo disminuye. Al descuadre del déficit en cuenta corriente se agrega la ampliación del déficit fiscal. Se configuran los típicos déficits gemelos que se autorrefuerzan y terminan en devaluación masiva o explosión monetaria.

La explicación institucional simple. El cuantioso déficit en cuenta corriente, que viene de atrás por la dependencia de los recursos naturales y las fisuras del orden económico internacional, en conjunto con el Consenso de Washington, causó una severa deficiencia estructural del sistema económico de Colombia, en general de América Latina. La experiencia de la región en el siglo XX muestra que el progreso y el crecimiento se ven seriamente limitados por los trastornos y desbalances del sector externo. No ha habido forma de que esta realidad se incorpore en los diagnósticos y acciones de política. Los gobiernos pretenden regular las economías y promover el crecimiento y el desarrollo sin tener en cuenta los enormes quebrantos estructurales en la balanza de pagos y la estructura sectorial. Los organismos internacionales se niegan a reconocer el fracaso de la globalización y el Consenso de Washington en América Latina.

En fin, la economía colombiana está montada en un marco de crecimiento lánguido e incierto y empleo declinante. No cabía esperar que la deficiencia estructural de la balanza de pagos se pudiera corregir con medidas monetarias y ampliación del consumo. Lo que se plantea es un cambio drástico en la organización comercial y en la composición sectorial para configurar una estructura de importaciones y exportaciones de mayor complejidad, productividad del trabajo y demanda mundial.

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