Por: Juan Pablo Ruiz Soto

¿Crecimiento verde, un determinante?

El Gobierno entrante enfrenta grandes retos en términos de sostenibilidad, paz y equidad, y tiene en los resultados de la Misión de Crecimiento Verde una herramienta, un referente —respaldado con análisis técnico—, para responder a los compromisos nacionales e internacionales y avanzar por la senda del desarrollo sostenible.

La Colombia de hoy es y está en un mundo distinto al del 2002. En el contexto internacional —gracias a los acuerdos firmados y al reciente ingreso a la OCDE— hay compromisos adquiridos que nos obligan a definir una política nacional que conduzca a que los diferentes sectores productivos respondan a la sostenibilidad ambiental y a la necesidad de descarbonizar la economía. En el contexto nacional, los resultados de las elecciones demuestran que el nuevo Gobierno no puede ignorar los intereses de un grupo muy grande de colombianos. Más del 40 % de quienes participamos en las elecciones, con nuestro voto, dijimos que queremos trabajar por un país más sostenible, justo y equitativo, por un país donde vivamos en paz entre los seres humanos y con la naturaleza. El discurso del presidente electo, el pasado 17 de junio, muestra coincidencias. La sociedad civil organizada trabajará por una Colombia donde las comunidades participen activamente de las decisiones que afecten sus territorios, donde hay gran prevención frente a la minería y no se acepta el fracking.

Volviendo a la Misión de Crecimiento Verde y, como dice Hernando José Gómez, su director: “Colombia enfrenta grandes retos inmediatos de sostenibilidad, no menores a los del resto del mundo”. Y señala que hay que tener en cuenta que “el modelo económico actual del país se ha agotado y es necesario adoptar medidas urgentes que permitan retomar una senda de desarrollo sostenible”. La Misión propone una hoja de ruta con diez objetivos: desarrollar la bioeconomía, aprovechar sosteniblemente los recursos forestales, promover las energías renovables, utilizar eficientemente el agua, mejorar el uso del suelo, propiciar la economía circular, aumentar la eficiencia energética, impulsar la movilidad sostenible, construir tejido empresarial formal y sostenible, y adaptar el capital humano y el mercado laboral.

Para ilustrar el atraso en el que estamos y evaluar la magnitud del reto, tomemos el caso de las fuentes no convencionales de energía renovables (FNCER). Estas, en Colombia, representan tan sólo el 0,87 % de la matriz eléctrica, frente a Perú, con el 3,7 %; Chile, el 12,4 %, y Brasil, el 12,4 %. ¡¡Estamos en nada!! La crisis de Hidroituango nos señala la urgencia y prioridad de modificar nuestra matriz energética. El resto del mundo ya lo está haciendo.

Para impulsar las FNCER, la Misión propone: promover las inversiones en proyectos de generación de FNCER, removiendo barreras; ajustar el marco regulatorio para integrar las energías renovables no convencionales al sistema; ajustar la metodología de remuneración por confiabilidad en el mercado de energía mayorista; regular el uso de dispositivos de almacenamiento de energía, y promover autogeneración y venta de excedentes.

Así como con las FNCER, para cada objetivo de los planteados por la Misión, la ruta está identificada de manera detallada. Lo invitamos, presidente Duque, a retomar lo propuesto por la Misión de Crecimiento Verde, herramienta útil para la formulación del nuevo Plan Nacional de Desarrollo.

 

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