Por: Elisabeth Ungar Bleier

Creer en las regiones

Siempre serán insuficientes los esfuerzos que se hagan para combatir la corrupción. Este es un fenómeno sistémico y estructural que atraviesa todo el andamiaje del Estado y de la sociedad, desde el ámbito nacional hasta el municipal, y a todas las ramas del poder. Además involucra a múltiples y muy diversos sectores y actores sociales, políticos y económicos, ciudadanos del común, nacionales e internacionales.

Todo esto hace muy difícil prevenir, rastrear, investigar y sancionar a los corruptos. A pesar de los avances en materia normativa, institucional y de capacidades de los órganos de investigación y control, de la creciente conciencia ciudadana sobre la necesidad de movilizarse, de las actividades de organizaciones de la sociedad civil y del papel de los medios de comunicación para investigar y denunciar, la corrupción sigue siendo uno de los principales problemas del país.

Son muchas las causas que explican esto. Una de ellas es la descoordinación institucional entre las entidades encargadas de prevenir, investigar y sancionar los hechos de corrupción y la falta de continuidad en las políticas públicas diseñadas para este propósito.

El debilitamiento de la separación de poderes y de los pesos y contrapesos que estos deben ejercer entre ellos, así como la politización e incidencia indebida de intereses particulares en los nombramientos de funcionarios de las altas cortes, de los órganos de control y de los organismos electorales también son obstáculos para enfrentar la corrupción.

A esto se suma la manera como se relaciona el Gobierno central con los gobiernos locales. Con frecuencia, el primero pretende imponer la lógica del funcionamiento de las entidades nacionales a las realidades regionales, desconociendo las condiciones en las que los municipios deben operar. Muchos tienen administraciones con baja capacidad de gestión, con un recurso humano poco capacitado y con fuerte injerencia de prácticas clientelistas. Esto las hace mucho más vulnerables al accionar de los corruptos.

Contrario a lo que muchos piensan, no es con más centralización como se solucionan estos problemas. Es importante que el Gobierno central se preocupe por las regiones y las acompañe en la lucha contra la corrupción. Pero, sobre todo, se deben crear las condiciones para fortalecer la institucionalidad de los entes territoriales, para que cuenten con un capital humano capacitado y con una ciudadanía informada para hacerle frente a este flagelo. Es decir, darles voz a las regiones y a sus ciudadanos, creer en ellos y no caer en estigmatizaciones que con frecuencia desdibujan sus realidades, construyen estereotipos e impiden avanzar en la búsqueda de soluciones. Para combatir la corrupción no basta con cambiar a un funcionario; se requieren cambios estructurales en el manejo de la política y de lo público. Y, sobre todo, se debe evitar que estas iniciativas que provienen del centro se utilicen con fines electorales. Ojalá que los esfuerzos que se vienen adelantando desde la Vicepresidencia en varios departamentos de la costa Caribe no caigan en esta tentación.

También le puede interesar: "Así lo roban en Colombia y usted ni cuenta se da".

 

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2019-06-20T00:30:51-05:00

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2019-06-20T16:43:47-05:00

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