Por: Fernando Carrillo Flórez

Crimen global, inseguridad local

EL MEA CULPA PRIMERO DE HILLARY Clinton y después de Obama en territorio azteca respecto de la responsabilidad de Estados Unidos en el problema de las drogas y el tráfico de armas no debe pasar inadvertido.

Jamás se oyó una declaración de ese calibre en relación con la guerra que ha librado este otro país en la lucha contra las drogas. Porque pese a que el énfasis en el consumo ha sido una obsesión de los colombianos en la mayoría de los foros en el exterior, poco eco se ha tenido en las contrapartes estadounidenses.

Así era hasta ahora. Pero ha aparecido México en la escena y las cosas han comenzado a cambiar. Y aunque los temas de la seguridad, gracias a Cuba, quedaron en un segundo plano en la agenda de los jefes de Estado en la Cumbre de las Américas, la visita de Obama a México, previa a Puerto España, será el hecho a tener en cuenta a la hora de valorar si hay reales cambios de paradigma. Al menos las señales indican que Estados Unidos quiere volver a ser punto de referencia en materia de democracia y de Derechos Humanos.

De las declaraciones del presidente Obama en México y en Trinidad hay varias cosas claras. Primero, que es evidente una desmilitarización de la política exterior de EE.UU. acompañada de una desideologización de la llamada por la era Bush “guerra contra el terrorismo”. Segundo, que entramos a la era del smart power —poder inteligente—, que deja atrás el hard power de Bush y aún el soft power de Joseph Nye. Tercero, que se nota un cambio sustancial por ahora en el lenguaje de la estrategia antidrogas, que debería ser interpretado adecuadamente por quienes conducen nuestra política exterior.

Detrás de todo esto se encuentra la convicción de una gran derrota de las políticas tradicionales frente al mal público global con mayor capacidad para corroer la gobernabilidad democrática: el crimen organizado transnacional. Un fenómeno que es hoy la columna vertebral del problema de las drogas, la corrupción, el lavado de dinero, el secuestro, el terrorismo, el tráfico de armas y personas, etc. Una epidemia que derriba Estados, contamina jueces, coopta legisladores, compra policías, infiltra la sociedad y logra inocularse en el corazón de las instituciones públicas.

Hay muchas declaraciones contra esa criminalidad pero muy pocas acciones efectivas para controlarla. La comunidad global quiso despertarse en la reunión del G20 y puso como desafío afilar las armas contra los paraísos fiscales. En la declaración de la Cumbre de las Américas se recogen también grandes proclamas contra el tráfico de drogas, armas y personas. Pero la implementación de las políticas se ha quedado en el aire tanto en lo global como en lo local.

A esta lucha contra el crimen global organizado le sobran huesos y grasa y le faltan músculos y neuronas. Inteligencia diplomática efectiva es lo que parece proponer la administración Obama en el marco de un diálogo multilateral entre iguales sin bravuconadas ni despliegues torpes de mano dura. Porque además en nuestro mundo en desarrollo no hay que ser profeta para prever que el crimen organizado se va a aprovechar de la escalada de inseguridad ciudadana que viene como consecuencia de los efectos sociales de la crisis económica.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Fernando Carrillo Flórez

Un buen resucitar

Perder la inocencia política

La revancha de Pinochet

El ocaso de los caudillos

De la épica a la ética