Por: Uriel Ortiz Soto

Crisis alimentaria nos está rondando

Hay que reconocer que la ola invernal de los últimos meses, es uno de los factores primordiales para que se esté registrando  escasez de alimentos de  varios productos de pan coger que hacen parte de la canasta familiar. No obstante las ayudas del gobierno a los damnificados que lo han perdido todo, miles de cultivos se encuentran en medio de las inundaciones y solo hasta dentro de unos meses se restablecerán los programas de siembra y producción.

Sin embargo, hay otros factores que están jalonando con mayor profundidad la crisis alimentaria a corto plazo que si no se adoptan medidas preventivas, es muy posible que para finales del presente año tengamos serios tropiezos en la consecución de productos básicos. Uno de ellos, es, que el aparato productivo en las áreas rurales se ha vuelto demasiado costoso por la disparada alcista de los abonos agroquímicos.

Son muchos los cultivos que están a punto de perderse, otros se han perdido, porque nuestros pequeños y medianos productores no están en capacidad económica de aplicarlos. En las áreas urbanas, la producción por los efectos de la inflación, sumado a los altos costos de las tasas de interés, los precios de los combustibles y de los servicios públicos, está perdiendo mucho empleo directo y lo que se produce debe ser lo estrictamente necesario para satisfacer el mercado de la demanda inmediata, puesto, que las fábricas también han perdido su capacidad de almacenamiento y el otorgamiento de crédito a pequeños y medianos distribuidores.

Si bien es cierto que la Seguridad Democrática, está surtiendo sus efectos positivos en pueblos y veredas, escenarios de la producción agropecuaria, tenemos que anotar también que los tres millones de desplazados que se encuentran en las áreas urbanas fortaleciendo los cinturones de miseria, son de origen campesino, y que no obstante los programas diseñados para reintegrarlos a sus labores, no están dando los resultados esperados. Se han diseñado sinnúmero de proyectos productivos que la mayoría de las veces, resultan ser diagnósticos sociales equivocados, puesto, que no corresponden a los conocimientos e idiosincrasia de quienes los van aperar.      

Los primeros síntomas de desabastecimiento en los productos de la canasta familiar empiezan a manifestarse cuando los supermercados dosifican su venta  como en el cado del arroz, que la están limitando a determinada  cantidad. Otro síntoma preocupante pero, con justificada razón y sentido de responsabilidad fue, la convocatoria que hiciera el Presidente Uribe, a los gremios de la producción en la Casa de Nariño, para pedirles, congelar los precios de la canasta familiar por determinado tiempo mientras se buscan soluciones que logren desactivar la incertidumbre. Sin embargo, los representantes de los diferentes sectores allí presentes, desoyeron las peticiones del gobierno, argumentando que no pueden seguir produciendo a pérdidas. Los del Sector Agropecuario, fueron los más renuentes, manifestaron: que sus cosechas que están por venir, para sembrarlas y prepararlas, no recibieron subsidio alguno del Gobierno.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que, entre los precios de los productores y el público consumidor, existe una enorme brecha. La intermediación en los productos especialmente de la canasta familiar se incrementan muchas veces en mas de un  150%, puesto, que, no se cuentan con canales de comercialización adecuados y se tiene que acudir al mercado de la especulación y el acaparamiento para recuperar rápidamente la inversión inicial y reiniciar nuevos ciclos de producción. Por ejemplo: si acudimos a los centros de producción campesina, a comprar  frijol, lo podemos adquirir fresco, de excelente calidad, con ñapa incluida  a dos mil  pesos kilo, pero, si lo compramos en los supermercados, el mismo frijol, ya deteriorado, manipulado y con químicos para su conservación y almacenamiento cuesta: cuatro mil quinientos pesos.  

Otro factor que preocupa, es la crisis diplomática de Colombia, con los países vecinos, de Venezuela y Ecuador, que tradicionalmente han sido abastecedores de ciertos productos como: arroz, maíz, frijol, entre otros, cuando escasean en el mercado interno,  se pueden importar libres de arancel y a costos relativamente bajos gracias a los Acuerdos Vigentes como  Países que integran la Can. Es preocupante que ante la escasez de arroz que se ve venir,  Venezuela, y Ecuador, manifiesten no ser los proveedores de antes. Habría entonces que importarlos de terceros países a precios  altos y con aranceles hasta de un 80%.

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