Por: Iván Mejía Álvarez

Crisis azul

En una semana y media, Millos volvió a ser el polvorín de hace pocos años.

Afloraron los problemas internos y externos y la pasmosa tranquilidad de los últimos meses, con título incluido, quedó opacada por una tibia paz que no mitiga los movimientos convulsivos que están amenazando su futuro.

En lo deportivo, derrotas ante Santa Fe, Nacional e Itagüí y una eliminación de Copa Libertadores que resultó decepcionante. Más allá de los pésimos resultados, saliendo de la primera posición a estar hoy fuera de los ocho finalistas, hay algo peor. Se juega mal, falta gol, elaboración y los errores defensivos son demasiado reiterados. El equipo luce estacionado en un futbolito intrascendente, sus puntas, Montero y Wason, no se entienden y en lugar de sumar se pelean tanto los espacios que terminan restando. A excepción de Franco, un baluarte con un sentido de pertenencia indiscutible, los defensores se equivocan tanto que termina siendo risible su comportamiento, comenzando por la incapacidad de Járol Martínez. A Román Torres le dio por creerse intocable y hoy pelea, manotea, se hace expulsar, comete penaltis infantiles, hace autogoles y encima de todo bravea a los periodistas y aficionados.

Las peleas y discusiones ya han dejado ver las costuras internas. Jugadores que hablan de un técnico dictatorial. Algo sucede, lo reconoce el propio presidente, y en lugar de echarle la culpa al mensajero, en este caso los medios periodísticos, sería mejor que rectificaran rumbo y procedimientos. Además, malgastar el tiempo a la búsqueda y captura de un ‘chivato’ interno habla muy mal de Torres, a quien habría que decirle que se dedique a trabajar mejor y a solucionar los numerosos problemas técnico-tácticos de su equipo que a ejercer de vigilante.

Es el momento para que el presidente Gaitán muestre mando y ejerza su función. Ser el titular de Millos no es sólo para que se ponga la camiseta en los entrenamientos y en los viajes, sino para que muestre su mano a fin de controlar la crisis que parece estar superándolo.

Los problemas internos y deportivos parecen ser tan solo la punta del iceberg administrativo con la presencia de Juan Carlos Ortiz y las denuncias que día tras día salen en los medios sobre sus procedimientos y su total cercanía con Millonarios.

 

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