Por: Eduardo Sarmiento

Crisis mundial anunciada

Desde hace varios meses la economía de Estados Unidos muestra claros síntomas de debilitamiento.

En el primer semestre creció 0,7% y las tendencias se agravaron en julio y agosto. En estos dos meses se configuró un proceso de contracción de los índices macroeconómicos de ingresos, consumo, producción industrial, empleo y de baja de las cotizaciones de las acciones y la vivienda. Hoy en día los unos se refuerzan con los otros y adquieren la forma de caída del producto y el empleo.

No es fácil entender la actitud de los analistas y de las autoridades económicas en los últimos años. Como se advirtió claramente en esta columna, en julio el sistema estaba cerca de la recesión y, a pesar de ello, las energías se enfilaron a crear la ficción de la recuperación y calificar de pesimistas a quienes registraban la recesión. Hasta el día que se divulgó el chorro de agua fría de cero creación de empleo en agosto, Bernanke aducía que el crecimiento estadounidense se mantenía por sí solo y no requería estímulos, y el Banco Central Europeo se aprestaba a subir las tasas de interés.

La reticencia durante cinco años a aceptar la realidad se explica por la concepción teórica equivocada. No obstante las evidencias, se niega a admitir que la economía mundial no opera dentro de la visión clásica de que la producción genera los ingresos que permiten adquirirla. Como lo he mostrado en repetidas ocasiones, la globalización propició una competencia para ampliar las exportaciones y conformar superávits en cuenta corriente que colocaron el salario por debajo de la productividad.

No se ha avanzado en una interpretación objetiva de la crisis. La economía mundial salió de la crisis de 2008 y se reactivó con un déficit fiscal promedio de 6% del PIB. Si este déficit fiscal fuera excesivo, es decir, superara el exceso de ahorro, la economía no habría operado con tasas de interés cercanas a cero y baja inflación. Estamos, más bien, ante una clara evidencia de que el déficit era insuficiente y que ha debido incrementarse, o al menos no reducirse, para mantener la actividad y evitar la recaída.

La ingobernabilidad refleja las falencias técnicas. Los líderes mundiales se mantienen en la falsa creencia de que la recesión es la consecuencia de una simple alteración de demanda que se corrige por sí sola.

A la luz del diagnóstico de que el valor de la producción supera los ingresos y los gastos efectivos, la salida no puede ser distinta a elevar el gasto público en forma permanente para que los trabajadores desempleados y subpagados puedan adquirir los bienes que pueden producir. El propósito se lograría con un déficit fiscal mundial promedio de 6% del PIB y la intervención coordinada en los tipos de cambio para armonizar los déficits y superávits en cuenta corriente.

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